lunes, 1 de junio de 2009

[RP] Noches de Sangre V

31-V-1457

El domingo amaneció nublado. Era día de tregua, las ciudades se encontraban seguras, la gente tranquila. Pero el día no parecía acompañar la sensación de paz.
Ya iba la quinta noche sin poder dormir, y Waltraute se encontraba preocupada por ésto. No quería que el mar de dudas de su interior afectara su desempeño en la guerra. Se llenaba de ocupaciones durante el día para no pensar, pero no podía evitarlo. Era la sangre la que hervía, y su cerebro no tenía modo de evitar los errores que cometía. La última vez que había ocurrido eso, murieron dos hombres.
¿Cuanto tiempo había pasado? no sabía. Ya había muerto otro inocente. Y aunque a diferencia de Bibianne, Tasminia estaba renaciendo en Verona, la sensación era la misma. El ciclo comenzaba nuevamente, pero esta vez, por suerte, tenía la experiencia pasada.

Volvió a la carpa, buscó una bolsita con piedras, y la colgó de su cinto. Dejó el escudo sobre sus cosas, y se perdió por el bosque, con armadura de cuero y espada, por las dudas. Instintivamente llegó hasta la fuente de la noche anterior, continuando una decena de metros hacia el norte hasta los pies de un fresno. A medida que se acercaba, la bolsita comenzó a tintinear.
Dejó la espada a un costado del árbol, a su izquierda, y llenó de hidromiel un cuenco, que colocó a su derecha. Se sentó apoyándose en el viejo árbol, con las piernas cruzadas, y abrió el bolsito.
Allí llevaba su juego de runas. No era un juego común y corriente: lo había conseguido al vencer al gigante Galdhøpiggen, en su viaje al Jotunheim. A la edad de 14 años su reino comenzó a ser amenazado por las huestes del gigante, y ella fue con diez vikingos a detenerlo. Con un golpe de su bastón en el pecho lo aturdió, para rematarlo con su espada. Con los dientes, que poseían esmalte negro, hizo el juego de runas. Con la tapa del cráneo, el cuenco. El gigante se convirtió en el pico más alto del Jotunheimen.

Estaba todo preparado, salvo ella. Dejó a Odín decidir cual tema era más importante, mezcló las runas, y sacó una de la bolsa:


"El amor" pensó. En realidad no sólo el amor, sino la familia, la pareja, las relaciones... pero era sabio el tuerto al elegir ese tema para comenzar. Devolvió la runa a la bolsa, tomó un sorbo de hidromiel del cuenco, mezcló nuevamente las piedras y sacó tres.


Gyfu, Ansur invertida, Thorn. No debía tomar ninguna decisión en ese momento. Debía ser paciente, ocultarse para no sufrir en vano. No debía tomar la iniciativa. No era el momento para avanzar en las relaciones con los otros.


Lagu invertida. Is. Sigel. Se confirmaba lo que temía, debía equilibrar nuevamente su personalidad. Renovar sus valores, en soledad. La buena noticia era que lo lograría. Pero basta de excesos.

Se levantó, algo enojada consigo misma. Bebió del cuenco, llenándolo cada vez que estaba por acabarlo. Caminó alrededor del árbol, con la mente en blanco, pero pensando en la última pregunta, en la última tirada del día. De repente del agua que brotaba de la fuente comenzó a sonar una melodía, a la que fácilmente le puso letra: "o bella ciao, bella ciao, bella ciao ciao ciao"
Sonrió y volvió a su lugar. Con ánimo renovado preguntó sobre lo que quería saber: la guerra. No le gustaba estar estancada en Mantúa, con el frente de batalla tan lejos.


Rad. Nyed invertida. Tyr. Antes de lo previsto saldrían al campo de batalla. Con confianza y control las cosas podrían salir bien.

El sol atravesó las nubes para marcar el mediodía. Guardó todo y volvió al campamento. Allí estaba Elvira: pasaron la tarde practicando combate con bastones, y al anochecer fueron a la taberna a beber algo. Se hizo un buen ambiente allí, con varios ciudadanos, todos alegres por la paz, y como siempre (ya podrían comenzar a sospechar) ingresó el General Swantz, con noticias. Se habían cerrado los reclutamientos, y en breve partirían de Mantúa.

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