- Ven aquí - indicó Fricka. Wal se sentó junto a ella, y Hugin no se hizo esperar: el Tuerto, como siempre, vigilante.

La Asinia tomó las runas de Wal, para comentarle: "No necesito tirarlas para saber qué dirán."
- ¿Alguna vez oiste una leyenda de los ases intentando equilibrar gigantes y enanos?
La rubia negó con la cabeza.
- Porque no existe, y si nosotros ni lo intentamos, ¿por qué buscas lo imposible? ¿Te suena la frase "no uniré lo que las Nornas han hilado separado?
Wal asintió.
- ¿Entonces por qué te empeñas en unirlo? ¿O esa filosofía va sólo cuando te conviene? ¿Recuerdas por qué fuiste desterrada de Valhalla una vez? ¿Te gustaría volv--
- No - susurró en respuesta.
- ¿Susurras? Esperaba una voz firme, clara. - la diosa lo pensó bien - Huye.
Wal la miró incrédula. -¿Huir?
- No vuelvas hasta... no vuelvas hasta que te busque. ¡Ve! ¡Corre!
Y allí se fue, hacia las montañas, sin mas abrigo que su armadura pero bien armada.
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