miércoles, 27 de octubre de 2010

¡No olvidar! ¡Vencimos!

Madrugada del Octubre 15, 1458. Narbonne. Condado de Languedoc.

- ¿¿Esta fecha no significa nada para vos?? - despertó escuchando Wal, y cayó de la cama huyendo de la sombra que se abalanzaba sobre ella. La rubia aún no terminaba de despertar, los ojos hinchados de planear rutas en cartas navales, la vela aún humeaba, señal de que poco había dormido. La sombra la tomó del cuello y la lanzó contra una pared: el ruido despertó a varios en la posada. - ¿¿Tanto me hiciste renegar para ésto?? - exclamó, levantándola del suelo para lanzarla de nuevo por los aires.

- Steel, espera - atinó a reclamar Wal. La sombra la dejó caer. Sí, era Él. - Vuelve con tus guerreros, retorna al Alto Midgard.

- No me iré hasta que me digas qué fecha es hoy. - la mampostería temblaba con cada palabra del hombre. Con el rabillo del ojo la rubia intentó leer un almanaque. Jueves 14, Viernes 15... 15. ¡15!

- ¡Ragnarok! - exclamó ahora ella, mientras Steel volteaba los ojos (debajo del casco, pero aunque nunca nadie había visto su rostro, el gesto se notaba a leguas de distancia).

- ¿Qué harás?

- No sé, algo en el camino a Bèziers.

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Atardecer del mismo día.

Cinco eran las personas que viajaban a Montpellier: Wal la primera, a un lado Ruy y Nad, del otro Elvira y un tal Phileo, pasajero del Drakkar. Ya se veía la muralla de Bèziers al final del camino.

-Vamos a aquel claro. - indicó primero, en pocos minutos llegaron. - Esperen aquí - dijo después - Ruy, prepara un buen fuego. Elvira, hidromiel en mi bolsa. Nad, ven conmigo.

Las dos valquirias se escabulleron entre el follaje, volviendo un largo rato después, corriendo agitadas, arrastrando un bulto. - ¡Rápido, las espadas! - gritaron, y los cuatro rossocorvinos, vestidos con sus ropas de la Orden, se abalanzaron sobre el animal -

- ¡Yo vencí en el Ragnarok y fui a Valhalla! - gritaron al unísono y clavaron sus espadas en lo que alguna vez fue un cerdo. - ¡Así se vence! ¡A Valhalla!
Entre risas, prepararon todo tipo de cortes de cerdo al hidromiel, y el buen Phileo fue testigo involuntario del festejo del fin del Ragnarok, y el comienzo del mes de la Cacería de las Reses.

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