miércoles, 24 de noviembre de 2010

Casi a medianoche el extraño cortejo ingresó en la ciudad. Con cautela, evitando la guardia, llevaron a Wal hasta su casa. Se sorprendieron al encontrarla vacía, sin luz. Acomodaron a la muchacha en su cama y con cuidado la limpiaron y le cambiaron la ropa. Salvo algún arañazo, la única herida importante abierta era la de la cabeza, las de siempre estaban cerradas: las costillas seguían en su lugar, la cuchillada en el vientre y la cortada en la mano lucían cerradas. El problema estaba en la cabeza.
Bjorn le cerró los ojos "porque daba impresión". Él bajó a preparar la cena, y lo siguió Olé. Brynjar, en cambio, se quedó a vigilarla, cada tanto se sentaba a su lado, tomando la mano, acercaba la oreja al pecho para sentir sus débiles latidos. El cuerpo iba recobrando temperatura, pero nada más.

Abajo, los vikingos hablaban de cualquier cosa, para disminuir la angustia y tensión. Los preocupaba la ausencia de Stian. Al final, Olé amenazó:

- Si aparece mañana borracho lo mato.

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