A mediodía cruzó el portal de Verona y atravesó las callecitas, pensando en dónde buscar un médico.
- Buen día - saludaba a los transeúntes - ¿sabe usted donde hay un médico aquí?
Las damas huían despavoridas, los hombres le quitaban el saludo con altivez. Decidió ir a preguntar al Ayuntamiento, allí deberían saber.
Ingresó al bello edificio y ya los guardias lo miraron mal. Por ahí andaba la Sindaco, hablando con un anciano, y se acercó a ellos.
- Buen día - comenzó por decimoquinta vez, y tuvo la mala idea de inclinarse hacia ella - estoy buscando...
- ¡Alto ahí! - gritaron los guardias - ¡Queda detenido por Desorden Público!
Entre cinco lo rodearon con las espadas desenfundadas, así que ni intentó defenderse.
En un rincón de la sala Loki reía.
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