Wal salió corriendo y se perdió en el bosque cercano a Verona. Fricka permaneció allí y atajó al cuervo, que amagó seguir a la valkyria.
- Hasta aquí llegas, déjala en paz.- la mujer sabía que Odín se las apañaría para encontrar a la rubia, pero también que la otra tendría tiempo para restablecer su voluntad, sea cual fuera ésta. "Esperarás mi señal" susurró y se desvaneció en la niebla.
Mientras tanto, la valkyria se cansó de correr y se detuvo, doblada del agotamiento, las manos sobre las rodillas. Se sentó junto a un árbol mientras recuperaba la respiración y notó que la noche se cernía sobre ella. Descuidada, se recostó a la intemperie, sin reparar en las nubes que ocultaban a las estrellas.
La lluvia la despertó pasada la medianoche, empapándola con su aparición tormentosa, obligando a la muchacha a refugiarse en el hueco del tronco de un árbol. No pudo dormir el resto de la noche, "mañana buscaré mejor refugio" pensaba tiritando del frío. El amanecer se tardaba, y para dejar pasar el tiempo se entretuvo canturreando alguna canción. El sol disipó la tormenta con sus primeros rayos, obligando también a la valkyria a rendirse ante el sueño.
Un pinchazo la despertó a media mañana, de mala gana dejó el refugio: lleno de bichos se encontraba. Con la ropa húmeda, sucia, hambrienta y con frío se puso a buscar otro lugar. Su cuerpo dio vueltas sin encontrar nada, mientras algunas bayas hicieron de desayuno, almuerzo y cena. Su cabeza, lo mismo. Cayó la noche y de regalo, otra tormenta. Wal amagó buscar aquel primer refugio, pero su orgullo interior le dijo que no, que otra vez ahí no. Algo mejor.
- A ver, Waltraute - se dijo - empecemos por el principio. Necesitamos un lugar para pasar esta noche.
La imagen era hasta graciosa, una mujer hablando sola en la penumbra del bosque, en medio de una tormenta.
- Lo primero sería saber dónde estamos.
Trepó un árbol y los relámpagos le descubrieron el contorno de un monte cercano. "Quizás..." pensó, y salió rauda en esa dirección. Contar las veces que tropezó hasta llegar al pie del monte sería aburrido y repetitivo, así que ni me molestaré en hacerlo. A lo sumo mencionaré que magullones no le faltaron a su cuerpo la mañana siguiente.
Tanteando en la oscuridad encontró una saliente rocosa. Apenas unos metros, no llegaba a ser una cueva, pero era lo suficiente para estar en un sitio seco y protegido del viento. Había escalado bastante y encontró desde allí una lejana vista de Verona. No durmió hasta que se apagó la última luz en aquella ciudad.
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Olé, Stian, Brynjar y Bjorn, sentados a cada lado de una pequeña mesa, observaron en silencio cómo se extinguía la llama de la vela.
- A primera hora salimos a buscarla - dijo uno en voz alta lo que todos estaban pensando.
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