- ¿Qué día es hoy? - preguntó Wal entre bocados
- Diez de Noviembre
Terminó de comer, ya bastante bien recompuesta, y se aprestó a responder el cuestionario.
- ¿Cómo te llamas?
- No sé
- ¿Donde naciste?
- No sé
- ¿Tienes familia?
- No-dudó - No sé
Theo alzó las cejas y miró a los vikingos, que ingresaban en la habitación. Wal esbozó una sonrisa al verlos, "ah, esto es otra cosa" pensó.
- ¿Sabes quienes son ellos?
- Los bárbaros de hoy a la mañana, no sé sus nombres - se encogió de hombros.
- Antes de recibir nueva información, sigamos con las preguntas.
- ¿Sabes qué es la Orden del Cuervo Rojo?
Wal negó con la cabeza.
- ¿Valhalla?
Tampoco.
- ¿Cuales son tus intereses?
- Tengo alguna afición por el dibujo, pero nunca me he destacado en el canto. No toco instrumentos musicales, y me gusta escribir cosas. También me gustan la botánica y mirar piedras.
- ¿Quién es Loki?
Nada.
- ¿Quién es el Chambelán de Venezia?
- El Conde de Feltre, Don Ludovico della Scala.
- ¿Y el Alcalde de Verona?
- LA Alcaldesa - lo corrigió - Ira de los Ubertini, esposa de Ludovico.
- ¿Cómo se llaman tus padres?
- No-sé - volvió a contestar, enfadada.
- Basta - interrumpió Stian - creo que entiendo por donde va la cosa.
Tomó unos papeles del escritorio de Wal y se los acercó.
- Vos sos Waltraute de Isenstein, podés reconocer tu escritura y tu firma aquí.
- Estos son papeles de la Cancillería, sí, escritos por mí. Claro, es cierto, ese es mi nombre. - dijo mientras los revisaba.
- Naciste en Isenstein, Islandia, y estudiaste en Trondheim, donde nos conociste a nosotros. De eso unos diez años.
- Bastante tiempo - pensó en voz alta la rubia - disculpen que no los reconozco... no sé qué me pasa. - se llevó una mano a la cabeza, y una lágrima rodó por su mejilla.
- Por ahora está bien - indicó el viejo - si te sientes descansada ponte con tu trabajo, a leer cosas de eso. Sobre tu vida... mejor ir poco a poco.
- Gracias - les dijo mientras la dejaban sola en la habitación. No tardó mucho en intentar levantarse: logró con bastante esfuerzo sentarse a la orilla de la cama, y calzarse unas pantuflas. Con dificultad llegó al escritorio, prendió una vela y se dispuso a leer las noticias de la KAP que le llegaban de los ducados italianos y de hispania.
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