Salvo cuando saludó al guardia que le llevó la cena, Stian no dijo palabra alguna en su estancia en prisión. Los otros presos lo habían dejado solo, y hablaban bajo al otro lado de la celda. Él era, como mínimo, diez centímetros más alto que todos sus "compañeros", y mucho más musculoso: era también consciente de que su aspecto acababa de proporcionarle el mejor catre y el plato más suculento de comida (por las "donaciones" de los otros presos, claro).
Observó con desazón el sol caer, y maldijo a Loki y a toda su familia. Y un poco también al Tuerto, que no mandaba ningún cuervo para que pudiera comunicarse con los otros. Hugin y Munin, presentes sólo cuando nadie quiere tenerlos cerca. Pensando en eso se durmió.
Un sacudón lo despertó al día siguiente, y se levantó de un modo tan brusco que los guardias dieron varios pasos atrás, temerosos de su ira. Cuando vieron que no hacía nada se recompusieron, y uno dijo:
- Eres libre, han pagado tu fianza.
Afuera encontró un hombre viejo, le pareció que era el mismo que hablaba con la Sindaco el día anterior. Se acercó y mientras salían al exterior le agradeció la ayuda. Hablaron un rato acerca de nada, y el viejo le preguntó qué buscaba el día anterior que parecía tan importante.
- Un médico - respondió Stian, el viejo sonrió.
- Tengo estudios sobre el tema, nunca me he laureado en la materia pero podría ayudar.
El vikingo no entraba en sí mismo de la alegría, lo acompañó a buscar algunos elementos y mientras tanto hicieron las presentaciones de rigor.
- Soy Stian Sternberg, de Trondheim.
- Theodoro Gaza, de Mantúa.
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