miércoles, 24 de noviembre de 2010

A Theodoro le había llamado mucho la atención el hombre que se acercara a ellos aquel mediodía, así que antes de irse a dormir pasó por el ayuntamiento y preguntó a los guardias sobre su condena. Diez noches en prisión, le respondieron, incomunicado, salvo que paguen su fianza. Preguntó por esta, que resultó ser menos de lo que llevaba en su bolsillo: pero no, al menos la noche debía pasarla allí dentro.

Antes de despuntar el alba volvió al recinto y liberó al hombre. Parecía más alto que el día anterior, y pese a su aspecto tenía buenos modos. Como tenía el día libre resolvió ayudarle.

Llegaron a la casa, frente a la Iglesia y a pocas cuadras del Ayuntamiento, y lo recibieron dos barbudos más. El cuarto lo esperaba al pie de la escalera. Mientras los tres primeros hablaban de lo sucedido, se fueron presentando:

- Olé Gunnar Solskjaer - dijo uno - Bjorn Södertälje - siguió el otro y culminó el de la escalera: Brynjar Thorvaldson

Los cuatro lo escoltaron hasta la habitación, y el viejo esbozó una sonrisa al ver quién estaba ahí.

- Siempre la encuentro inconsciente - comentó mientras se acercaba - ¿Qué ocurrió?

- Se cayó de un árbol, de unos seis metros de altura, sobre una roca.

- Veo, el golpe fue aminorado por ramas que detuvieron su caída, ¿no?

Le abrió los ojos y vió sus pupilas dilatadas. Acercó una vela y no observó reacción alguna. La posición del golpe en el cráneo no coincidía con esa reacción. La herida estaba bien limpia y cerrada - Han hecho un buen trabajo muchachos.

Los cuatro se aliviaron al menos un poquito, y Brynjar se animó a hablarle.

- Me parece que estaba comiendo nuez moscada, encontré eso en sus manos.

Theo se incorporó, pensativo. Wal estaba bastante delgada, con los labios resecos y las uñas partidas. No estaría bien alimentada, y si había ingerido demasiada nuez con el estómago vacío, aunque no fuera molida podría...

- ¿Cuanto tiempo lleva así?

- No sabemos, desapareció hace una semana y la encontramos ayer a la mañana, inconsciente, cubierta en su sangre ya seca. Estaba fría pero no mucho.

- ¿Su ropa estaba seca?

-

- Entonces no más de tres días, se accidentó después de la última lluvia. Serían unos diez días de mal alimentarse, habrá que despertarla rápido.


Había llevado con él un bolso de cuero, de base plana ancha, y al abrirlo descubrió, entre otras cosas, unos cuantos frasquitos. Empezó a abrir, oler, guardar cada uno de ellos, hasta que llegó a uno que lo obligó a volver la cabeza a otro lado y luego cerrarlo. Ese no lo guardó: se volvió a Wal y se lo acercó a la nariz. La reacción fue instantánea, la rubia abrió los ojos y se incorporó en la cama, vomitando. Por suerte no había comido mucho esos días.

Wal hizo un gesto de desagrado, y se cubrió con la sábana al ver que se le acercaban los vikingos. Los miró a todos varias veces, mientras se alejaba a la esquina de la cama, contra la pared.

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