miércoles, 25 de enero de 2012

Gaeta, primero de año.

La respuesta de la rubia no se había hecho esperar: es cuestión de ir a la taberna, dijo, y ella misma llegará. Y así fue, por la noche Waltraute paseó por la calle de las tabernas hasta encontrar a Myrna dentro de una: la locanda no tenía las mejores señas, pero era buen refugio para practicar el spagnolo. Porque recién ahora los nuevos pasajeros del Drakkar podrían comprender la felicidad con la cual estaba escrita la sentencia en la pizarra del Ponte di Bifrost. Era una libertad poder hablar tu propio idioma -clara salvedad del origen islándico de varios rojicorvinos-. Nada tardó en aparecer Colombina. El recibimiento fue raro, siendo diez veces más efusiva con la lechuza que con la de trenzas. Pero las Nornas hilaban así, y considerando lo poco efusiva que solía ser Wal... No era raro. Y la rubia las dejó hablar, porque intuía la temprana marcha de Myrna, intuición que no falló. - Como estás? preguntó una. Se intercalaron voces relatando el viaje desde Caspe, los días en Génova, con otras comentando que estaba esperando a un caballero allí, que andaba de conventos, y que hacía rato tendría que estar por Siena, junto a Nadir y Ruy.
Ya entrada la noche, luego de dar alguna vuelta sobre el tema, y casi realizando un pacto, no volverían a hablar del hermano de Wal. Era un tema olvidado, ya no importaba. Nornas cerrando hilados: la paloma era libre de volar donde quisiera, el otro también. Y hablando de cosas así, la rubia le confirmó que había terminado con Nicolás. - No sabía ni que hubieras empezado, respondió Colombina. En realidad eres la primera en saber algo... Habiendo coincidido en el palacio de embajadas aragonés, cuando él todavía gobernaba allí, en la coronación de Elena, en el recibimiento a la propia Wal en Castilla, la rubia había desarrollado un inexplicable aprecio por aquel hombre de finos modales pero de malas ideas. Quizás parte del problema había sido que apenas comentó en una cena con sus hermanos sobre aquel, le prohibieron el contacto. Mala yunta. Nada mas atractivo que llevar la contra a los mayores. Y las Nornas entrelazaron sus hilos, pero los desunieron sin dar explicaciones. Llenaron a la rubia de tareas, y aquel otro quedó en un último plano. Y ahora que los rumores de matrimonio de éste fueron confirmados de su puño y letra, la de Isenstein pensaba prolongar la estancia en Verona todo lo que fuera necesario Como parecía estar escrito, Colombina era de la zona italiana, y siempre irían a verla, donde fuera que estuviese. Y en aquel lugar, Waltraute se sentía libre, allí donde nadie entendía el idioma, donde nadie sabía quienes  eran los actores de la obra.

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