Fue al Puente de mando con Gerucho, señalaron la posición del Drakkar en la carta de navegación: por la costa y la distancia, aquella embarcación estaba muy cercana al estrecho que debían cruzar de madrugada.
- Esperemos ellos no nos hayan visto - comentó Wal, a quien cualquier avistaje de embarcación la retrotraía a aquel desafortunado ataque vikingo frente a Isenstein - el que la dejara viuda. Llamó a todos a cubierta, y dijo:
- Hoy no dormiremos, quiero a todos sobre cubierta y armados, pero remando. Arriaremos las velas para dificultarles el vernos... - El atardecer recortándose tras el drakkar hacía más evidente su presencia, pero al ser algo más bajo que los navíos normales podía esconderse un poco más en el horizonte.
El velo nocturno se impuso, y la luna creciente se reflejó en la bahía de la misteriosa galea. Galea quieta, quizás adormecida... No! A cuatro horas se encontraban cuando con el catalejo creyó ver algo de movimiento en aquel barco. Los habían visto, y desplegaban las velas. Wal dio la orden de hacer lo mismo, y el viento llenó con más soltura las telas rayadas vikingas que aquellas desconocidas.
Al mantenerse alejados para evitar el ataque, habían quedado en mala posición para adentrarse en el estrecho, tuvieron que acercarse algo más y sintieron una bala de cañón hundirse a pocos nudos de babor. Desde lejos y con poca precisión los atacaban.
- Atense a sus posiciones! Gritó y sosteniendo con firmeza el timón, viró tres veces moviendo al barco en zig-zag. La cubierta toda mojada, pero el barco entero, valían cualquier chapuzón. Enderezó el barco al SE y desplegó el mapa. El viento empezaba a cambiar, sabía que lo haría después del amanecer: tomó entonces la decisión de no alejarse de la costa y aprovechar cada centímetro a su favor.
El viento respondió, y cambió de dirección a poco del paso del Drakkar, impidiendo el movimiento del otro navío. A punto estuvieron de ser hundidos, y a medida que transcurría el día vieron desaparecer a la otra nave.
Aún con la adrenalina en todo su cuerpo, la rubia se mantuvo en el timón todo el día, mientras los demás aprovechaban lo calmo de navegar en soledad para descansar.
Mala elección la de la capitana, quien al anochecher divisó otro barco.
Cerraba los ojos por parpadear y sus fuerzas flaqueaban, y sentía que no podía volver a abrirlos. De la sombra se distinguieron dos naves, una fija y un barco gigante que comenzó a perseguirlos. Bandera francesa llevaba, y el cañón era el precio por adentrarse en aquel estrecho. Otros barquitos huían, pero aquel monstruo parecía haberse fijado en el pequeño drakkar.
La voz de Gerucho, diciéndole que vayan al sur, que se alejen porque estaban encerrándolos la despertó del trance. Para cuando entendió el mensaje era tarde, estaban a tiro de cañón, así que aprovechando la oscuridad y repitiendo la orden del día anterior, arriaron las velas y se pusieron a remar. Más cerca estaban, la luz de la luna reveló que eran dos naves. Un barco avanzó mientras el otro se mantenía quieto, probablemente anclado.
La oscuridad y la velocidad con la cual se encontraron no dejaron a ninguno ver las señas, el nombre del navío. El capitán o capitana les saludó y respondieron el saludo. Y el segundo navío jamás se desplazó, tampoco pudiero leer su nombre en el casco.
El día trancurrió tranquilo, calculando a cada momento la posición para no encallar. Al fin llegaron al talón de la península, dieron la vuelta. Los siguientes días la rubia tampoco durmió, que para hacer mas rápido y ganar la apuesta tenían que alejarse bastante de la costa. Ya descansaría en Silvi.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario