...o volviendo sobre los propios pasos.
Llegó a Terracina por la mañana y sacudió a Gerucho, Elvira y Merésimo para Adespertarlos y que embarquen temprano. Eso mismo hizo ella. La tasa de amarre estaba paga del segundo día, así que sin dejar al cielo amanecer, embarcó. Preparó la cantina, las velas, revisó las sogas, los escudos laterales. Todo en orden. Se encerró en el puente de mando, y durmió un rato. Salir a tabernear a la ciudad vecina el día anterior a embarcar no se lo permitía a los tripulantes... Pero haz lo que digo, no lo que hago.
Despertó a mediodía y ya estaban todos. Golpeó donde dormía Elvira para que ayude a quitar las amarras y levar el ancla, pero al demorarse lo hizo sin su ayuda. Luego le dejó una llave del puente de mando y las instrucciones para el viaje.
Ya para la noche, a la rubia le empezó a preocupar la ausencia de la morena. Estaría aún enfurruñada por la paliza propinada días atrás? O de larga resaca? Donde estaba el Bardo?
Ciertamente sin tripulante mover el drakkar costaba el doble, el martes lo sintió en cada músculo de su cuerpo, y si Elvira no respondía al día siguiente ocurriría lo mismo.
La noche del martes, Wal dejó el barco navegando al sudeste y fue al Ponte di Bifrost a tomar algo. Las pisadas revelaban que alguien entraba y salía de éste: Gerucho, quien al ingresar suspiró de alivio como ella.
- Estás pálido - notó Wal - te ocurre algo?
- Me encuentro algo débil, no he comido bien y... Tampoco me queda mucho en la bolsa.
La rubia se sobresaltó, pues tenían mas de una semana de viaje. El muchacho tampoco tenía mucho dinero.
- Espera - le dijo. Fue al puente de mando, donde tenía sus bártulos, y volvió a la taberna. En bifrost había bastante maíz, pero sin dinero difícil tenía la compra, así que la rubia dejó tres panes sobre la barra, con tanta mala suerte que Patronio los vió antes que Gerucho y los guardó en la bodega.
- P-pero no eran para la taberna
- Tarde piaste - respondió el hombre.
La rubia se volvió hacia donde Stian y Bjorn brindaban riendo, y los fulminó de una mirada. - Ven, Geru - dijo, tomando al muchacho del brazo. Salieron al pasillo hasta el puente de mando, donde Geru fue capitán un rato. Tomaron parte del dinero que había en un cajón, lo suficiente como para que él pudiera alimentarse bien todos los días, y él se dispuso a ser tripulante del drakkar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario