lunes, 19 de noviembre de 2007

Saldría corriendo cada vez que pienso en eso. Me dan ganas de dejarlo todo y escapar, comenzar todo de nuevo, o al menos borrar este año para no recordarlo más.

It's my evolution the only solution

Pero tengo que seguir adelante. ¿Cómo lo hago, si es mi propia mente la que me lo impide?

sábado, 10 de noviembre de 2007

Lo editaré todas las veces que sea necesario...


... al menos, hasta estar conforme con lo escrito.

A principios de este año decía que no quería estar con nadie, enamorarme, ni nada de eso, porque estoy tranquila así, por mí misma. Ahora (que tengo ganas de compartir), me doy cuenta que tampoco hay nadie nuevo, y de todos los que conozco, ninguno entra en la categoría "me podría enamorar de este".

Puede que sea porque no estuve atenta, no me hice de nuevos lugares donde buscar, digamos, "carne fresca".

sábado, 3 de noviembre de 2007

haré mío el término que acuñó mi lejana hermana Brunhilda, años atrás, antes de dejar la roca y culminar su evolución, y me definiré como retrofriki, noventosa y cranberriana, en cualquier orden que una permutación permita disponer dichos términos.

martes, 23 de octubre de 2007

Soy una Valkyria
(paleontóloga)
Salgo a recoger los cuerpos de los caídos
(a buscar fósiles)
Selecciono a los mejores, los más fuertes
(a los mejor preservados, los más representativos)
Los cargo en mi bravío corcel
(los guardo en mi mochila)
Y cabalgando los llevo a Valhalla
(hasta el museo)
Para que se preparen en duelos eternos del día y la noche
(sean estudiados, publicados)
y defiendan Asgard en el Ragnarok
(para que estén en la exposición, y los conozca la gente)

domingo, 21 de octubre de 2007

y ahora no sigo más...

porque lo otro que escribí, está "editado" para "encajar" en cierto personaje, de cierto juego online. En realidad tengo el recuerdo nublado, los ojos cansados de ver el pasado oscuro. Se entremezclan mis encarnaciones, los días y noches de mis cientos de vidas.
Tal vez esto no le guste a algún poeta, pero la luna es siempre la misma. No importa donde estés, ni quien seas. Debe ser lo único constante en este mundo. Lo único que me devuelve a la realidad...

Waltraute
Armé un saco con mis cosas, apenas unas ropas, el cuerno con que solía llamar a mis hermanas, la piedra para afilar la espada... Salí hacia el establo con la armadura puesta, y la capa negra que la oculta. Cuando llevo esa capa, mi equipamiento bélico es invisible a los ojos humanos...
Crucé por última vez Bifröst: no sabía dónde se abrirían las puertas, ni qué año sería. El tiempo en Asgard corre diferente al de Midgard: un año humano puede transcurrir en apenas un día, o en un abrir y cerrar de ojos. La inmortalidad obtenida a los 15 años me hacían ver de esa edad, aunque la verdadera... ni yo la conocía.
Saludé a Heimdall, y me interné en un bosque oscuro. Era de noche, pero la luna baja indicaba que faltaban pocas horas para que comience a despuntar el Sol. Encontré un camino, y seguí a la estrella polar para saberme dirigida al Norte. A pocos pasos encontré una construcción, en su cartel indicaba ser una especie de taberna, un bar.
Entré, puesto que se encontraba casi vacía, y me acerqué a un mapa que colgaba en la pared. Estaba en alguna parte en el centro de todos los caminos, si me dirigía al Noroeste llegaba a mi ciudad natal. Salí sigilosamente, así como había entrado, monté mi caballo y comencé mi vuelta a casa. No a Trondheim, sino a aquella ciudad que me había visto nacer... tenía la esperanza de volver a ver a mis padres, mis hermanos...
Llegué al cabo de tres días, siempre moviendome de noche por los caminos, y de día internándome en los bosques o matorrales... me producía terror cruzarme con las personas, no quería ser vista ni entablar conversación con nadie. La ciudad seguía hermosa, había más casas y se había levantado una muralla de piedra de mayor tamaño. Entré por un pasaje que sólo conocíamos los de mi familia, conducía directo al castillo sin pasar por ningun puesto de guardia. Estaba descuidado, algo inundado, se ve que hacía mucho nadie lo usaba.
Dejé a Thoronir en el establo, tomé mi bolso y entré por la puerta de la cocina. El ruido despertó a la cocinera, quien se acercó con una vela. Antes de su grito de alerta, me saqué la capucha, y me reconoció.

Berta: ¡¡Waltraute!! ¿¿s-sos vos??- se acercó y tocó mi rostro, temblando - ¡¡te creímos muerta!!

Me abrazó efusivamente, me sentó en una silla y me trajo comida. Le conté todo lo que me había pasado, y después ella me contó que mis padres habían muerto hacía un año, que mis hermanas se habían casado bien, con nobles de tierras vecinas, y mi hermano regia en este castillo, también casado y con tres niños pequeños. Y que mi habitación seguía tal cual la había dejado, puesto que nunca perdieron las esperanzas de que volvería.
- Bueno, mañana ya tendrás tiempo para hablar con Wolfgang, ahora a dormir nena...-
Me acompañó a mi habitación, para que no tuviera problema con los guardias. Me extrañó eso, demasiada guardia en la ciudad, en los caminos... pero ni el problema más interesante del mundo podría haber vencido a mi sueño, me arrojé en mi lecho y nuevamente dormí entre sollozos...

Me despertaron los rayos del sol sobre mi rostro, mi cuarto tenía un ventanal que daba al Este, y todos los días me despertaba antes de que cantara el gallo. Hacía diez meses que estaba viviendo con mi hermano, me llevaba bien con su esposa, quien en realidad solía ser una gran amiga de mi infancia, y salíamos a pasear juntas por la ciudad. Los vecinos habían recibido con alegría mi vuelta, nadie conocía mi condición de valquiria, excepto unos pocos de mi familia, y se extrañaban de mi aspecto juvenil, mis conocimientos de idiomas, historia y literatura, y mi delicadeza en el trato.
Ya me había reencontrado con mis hermanas, estábamos todos muy felices en ese sentido, pero a la vez nos preocupaba ver todos los días pasar milicias camino al Sur, a defender las ciudades de la invasión romana. Estabamos bien al norte, pero en cualquier momento iban a caer Worms y Frankfurt, y tendrían el paso libre. Worms ahora se encontraba bajo el dominio de los Burgundios, una raza guerrera de las mejores, Frankfurt parecía más débil.
Mientras desayunabamos, entró un mensajero ataviado en ricas ropas: traía buenas noticias. Se llevaría a cabo una doble boda en Worms; Gunther, el Rey Burgundio, desposaría a Brunhilda, y Crimhilda la Hermosa, su hermana, a Sigfrido, el héroe de Xanten.
Mi hermano recompensó al mensajero, y envió a los propios a avisar a nuestras hermanas y hermanos políticos. Yo, en cambio, quedé perpleja. ¿Sigfrido? ¿no era aquel que había despertado a mi hermana Brunhilda? ¿el que le ofrendó el anillo maldito? ¿qué estaba ocurriendo? Después del desayuno, alcancé al mensajero en el camino y le dí unas monedas por más información.
"Sigfrido llegó un día a Worms, dispuesto a tomar tierras burgundias, pero vio a Crimhilda y se enamoró de ella, Gunther, quien estaba enamorado de Brunhilda, le pidió que le ayude a conseguirla, puesto que muchos reyes habían intentado cruzar el fuego sin exito, y a cambio obtendría la mano de su hermana"
¡Traición! - pensé - hay algo allí que me huele mal... lo averigüaré durante las fiestas...

Las doncellas prepararon los mejores vestidos y joyas para el evento, y en menos de una semana partimos hacia Worms. El viaje transcurrió sin sobresaltos, los burgundios habían dispuesto fuertes guardias para que la ceremonia fuera amena. Llegamos a Worms, ni los primeros ni los ultimos invitados éramos. Nos alojaban a todos en el castillo, dotado de amplias y numerosas habitaciones. Tuvimos el honor de conocer a Sigfrido, Gunther, Giselher y Gerenot antes de las nupcias; las reinas por tradición no se mostrarían sino hasta el mismo momento del casamiento. Sigfrido era bello, sí, de apariencia atlética, fuerte, según sabía había derrotado al dragón Fafnir y al bañarse en su sangre su piel se había vuelto imposible de atravesar por los aceros. Gunther, en cambio, era el de más edad entre los tres reyes burgundios, y por su aspecto, era imposible que hubiera podido transpasar por sí solo el fuego protector de Brunhilda.
Me quedé en el molde, para no levantar sospechas, y esperé con ansias el momento en que vería de nuevo a mi hermana. ¿Se sorprendería de verme? ¿me echaría? ¿me reconocería? Esto último me lo preguntaba por si le habían hecho olvidar su pasado para desposarla con Gunther... los brujos maléficos abundaban en estos tiempos de guerra y traición. El día de la ceremonia el sol brilló más fuerte que en cualquier otro otoño, el propio cielo azul iluminaba los rostros de las felices parejas, y todo transcurrió con normalidad. Después de la parte religiosa, empezaron los festejos, que duraron semanas: guerreros de todas partes habían venido a festejar y qué mejor que organizar torneos para celebrar a los valientes esposos.
Entre combates, Brunhilda que me había visto me hizo una seña, se levantó de su asiento y entró al castillo. Yo hice lo mismo minutos después, y nos encontramos en las sombras, bajo una escalera.
Brunhilda: ¡Waltraute, hermana! ¿qué ha ocurrido?
Waltraute: lo que temía, al llegar Odín ya había dejado esta nota en mi habitación, y estoy aquí desde hace once meses...
Brunhilda: lo lamento mucho... (miró la nota, y me abrazó) hermana, no se si te diste cuenta, que acá está pasando algo muy raro... mi amado Sigfrido me desconoce, y me he desposado con ese hombre que no parece muy fuerte, pese a que mis ojos no me engañaron cuando le vi atravesar el fuego... no entiendo qué ocurre... además Sigfrido fue presentado como vasallo de Gunther ¡¡y lo casa con la hermana!! ¿donde se ha visto esto? Anoche, no le permití al Rey tomarme como mujer si no me explicaba esto...
Waltraute: es muy raro Bru... algo no está bien, si así lo trataste anoche y no fue capaz de doblegarte y someterte a sus deseos, no me parecería extraño que se repita hoy su "excepcional valentía"... ten cuidado, trataré de estar fuera de la habitación, escondida bajo mi oscura capa, y si veo algo raro me ocuparé...

Se despidió con un gracias, y cada una volvió a su lugar. Durante la noche no ocurrió nada extraño, no entró nadie "extra" en la habitación, pero se escucharon forcejeos. A la mañana lo entendí, Brunhilda ya jamás volvería a ser valquiria. No dejaba todo de resultar extraño, pero las nupcias continuaron durante dos semanas, tras las cuales volvimos a nuestros hogares.

Pasaron unos años, en los cuales me dediqué a salir por las noches a cabalgar los caminos, a veces me iba varios días al sur. No me acostumbraba a quedarme en un lugar, y cada vez que se avecinaba una tormenta (una cacería salvaje) mi corazón me obligaba a cabalgar sin rumbo.

En estas excursiones también me acercaba a Worms pero sin entrar en la ciudad, para saber de mi hermana. Habían tenido un hijo, al cual llamaron Sigfrido, y por su parte los reyes de Xanten habían llamado Gunther al propio. Uno de esos días se encontraban de visita en la ciudad.
Me encontraba a punto de volver a mi castillo, cuando me llegó la noticia de la muerte de Sigfrido. Corrí donde Brunhilda, y me relató que ella lo mandó a asesinar, porque se dio cuenta que su honor había sido cruelmente mancillado por Gunther y por el propio Sigfrido, y que ambos lo negaban. Esto había ocurrido por una disputa con Crimhilda, donde esta joven había sacado a relucir el cinturón perdido de mi hermana, diciendo que era un regalo de su esposo. Sólo Hagen, un fuerte guerrero de la corte burgundia, la había apoyado, y mediante artimañas consiguió conocer el punto débil del héroe de Xanten, donde clavó una lanza un día de caza.
Antes de morir, Sigfrido recordó todo, recordó a Brunhilda, y se descubrió la verdad: con una pócima lo habían enceguecido, y hecho desposar con Crimhilda; así también Gunther logró casarse con Brunhilda.
Llegó el cuerpo de Sigfrido al castillo, y Brunhilda dijo a los presentes:

Brunhilda: Junto a la orilla del Rin quiero que me levantéis una pila de gruesos trozos de madera. Alta y brillante se alzará la pira donde el noble cuerpo de este gran héroe arderá. Traed su caballo y junto a mí seguirá al guerrero, para que el honor más sagrado del héroe sea compartido: eso es lo que yo deseo. Haced lo que ordeno.

Como puros rayos de sol su resplandor brilla sobre mí. Era el más puro y me traicionó. Engañó a su esposa, pero permaneció leal a su amigo y de su amada, su única amiga, se separó con su espada. Jamás un hombre más sincero que él hizo un juramento; Jamás un hombre más leal que él hizo un trato; Jamás un hombre más honesto que él llegó a enamorarse. Y sin embargo traicionó todos sus juramentos, todos sus tratos y a su más sincero amor: los traicionó como nadie jamás ha traicionado. ¿Sabéis como ocurrió?
¡Oh, tú que tan solemnemente proteges los juramentos, presta atención a mi dolor creciente. Mira tu eterna culpabilidad y escucha mi queja, dios majestuoso
¡Con la más valiente de sus hazañas le involucraste en aquello que tú tanto deseabas y al hacerlo, provocaste tu propia ruina.
Yo tuve que ser traicionada por este santo para poder convertirme en una esposa con sabiduría.
¿Qué si sé lo que tú necesitas?
Todo, todo, todo lo que yo sé: ahora lo entiendo todo.
Hasta puedo oiros a vosotros cuervos moviendo las alas.
Ahora os enviaré a los dos a casa para que llevéis la noticia tan temida y deseada.
¡Descansa, descansa, tú, dios!
(Dió la señal para que los soldados lleven el cuerpo de Sigfrido a la pira, y al mismo tiempo, le sacó el anillo del dedo)
Ahora he tomado lo que me pertenecía legalmente. ¡Anillo maldito! ¡Terrible anillo! Cojo tu oro y ahora me deshago de él.
A vosotras inteligentes hermanas de las profundidades, Ninfas nadadoras del Rin, os doy las gracias por vuestro buen consejo. Os entregaré lo que tanto deseáis: cogedlo de entre mis cenizas. Este fuego que me quema limpiará el anillo de su maldición.
Vosotras en el agua lo disolveréis y con cuidado protegeréis este oro brillante que tan vilmente os fue robado.
(Coge una enorme antorcha de uno de los soldados)
¡Cuervos, volad a casa! Contadle a vuestro señor lo que habéis oído decir aquí junto al Rin. Viajad más allá de la Roca de las valkyrias, donde las llamas todavía arden.
Enviad a Loge a Valhalla, pues ya se acerca el fin de los dioses.
Así … a la orgullosa fortaleza de Valhalla tiro esta antorcha.
(Tira la antorcha sobre la pila de maderas)
Grane caballo mío, a ti te saludo. Amigo mío, ¿también sabes a dónde te llevo?
Tu amo, Siegfried mi héroe glorioso, yace brillando entre las llamas. ¿Relinchas de ganas de seguir los pasos de tu amigo? ¿Acaso las llamas sonrientes de atraen hacia él?
Siente como arde también mi pecho.
El fuego resplandeciente se ha apoderado de mi corazón que ansía abrazarle y ser abrazada por él y así permanecer unidos en un amor monumental.
¡Heiajoho! Grane saluda a tu señor. Sigfrido, Sigfriedo, mira: tu alegre esposa te saluda.
(Monta al caballo y de un salto se lanza a la pira. El fuego se apaga de repente, y pronto, sólo queda una nube de humo. Al mismo tiempo, el Rin se desborda y echa sus aguas sobre el fuego. Aparecen las Tres Ninfas y una ola se levanta por encima de la pira. Hagen, rápidamente, tira su lanza, su escudo y su casco y se tira al agua como un loco, llorando).
Hagen: ¡Alejaos del anillo!.
Las ninfas toman el anillo, y el Rhin llega a Valhalla y apaga el fuego que había comenzado a consumirlo. Hagen muere ahogado, como vil traidor se lo merecía. Su padre era quien había renunciado al amor y forjado el anillo maldito, y eran las manos a las que no debía volver para salvar Asgard y Midgard.
Monté mi corcel y vadeando el Rhin volví a casa. Asgard no había caído, pero el fuego del amor verdadero habría limpiado su cielo, y todo habría vuelto a la normalidad. Pronto, esperaba, volvería a Valhalla.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Capitulo II. Valhalla.
La niebla se disipó y entramos en Asgard. Nos encaminamos al palacio de Valhalla, donde las valquirias dejaron los cuerpos de los guerreros caídos en batalla que traían. De allí, a los establos. Yo me movía en silencio, siempre detrás de ellas e imitándolas. Entramos al establo, cada una dejó su corcel en su sitio, y quedó uno libre, al fondo, donde yo dejé al mío. El heno abundaba, así que seguramente hambre no pasarían, lo que no había era rastros del origen de éste, o de rastrillos o alguna herramienta. Bajé del caballo, tomé mi espada y escudo y salí al pasillo. Había quedado sólo una de las valquirias, que se acercó y se presentó. - Bienvenida a Valhalla, Waltraute... yo soy Brunhilda, hija de Odín, y líder de las valquirias... Atiné a intentar una reverencia como saludo, pero me detuvo. - Esas formalidades para después... ven, acompáñame.- Me hizo una seña y la seguí. Del establo, ubicado detrás del palacio, salía un sendero de piedras que se dirigía hacia una construcción circular, formada por varios arcos dispuestos en forma concéntrica. En el interior, una especie de altar con forma de mesa, donde brillaban bajo el resplandor del sol armas y armaduras. Las otras siete valquirias se encontraban allí, rodeando el altar. Brunhilda se ubicó en su lugar, para presidir la ceremonia, y yo enfrente de ella. Levantó una copa y mientras la llenaba de aguamiel recitó unas palabras. bebió parte del contenido y le pasó la copa a la doncella que se encontraba a su derecha. Esta también probó unos sorbos, y antes de entregarsela a aquella que se encontraba enfrente, volvió a servir aguamiel. Así, todas. La función de la valquiria en los rituales suele ser la de ocuparse de que el cuenco donde se bebe nunca se vacíe. Así, también, son las que reparten el alimento a los Einherjars durante la cena. Los guerreros deben, justamente, encontrarse satisfechos y bien alimentados, así combatirán el Ragnarock con todas sus fuerzas. La copa llegó a mis manos, y como una más bebí unos sorbos. Luego la dejé sobre la cabecera opuesta a aquella donde estaba Brunhilda, quien levantó una cesta con manzanas doradas y las repartió entre todas. Estas manzanas conceden la inmortalidad, y son cultivadas por la diosa Idunn.
Terminada la ceremonia de iniciación, se presentaron las siete valquirias. Eran todas princesas o doncellas de Germania, sus nombres Helmwige, Gerhilde, Ortlinde, Siegrune, Grimgerde, Schwertleite y Rossweisse, además de Brunhilda. Tomé mis nuevas armas, y todas nos dirigimos al palacio. Durante las siguientes dos o tres semanas mi vida se volvió algo rutinaria: me levantaba bien temprano, después del desayuno derecho a la biblioteca. Almuerzo, y práctica de armas con las otras valkyrias. Al atardecer podía volver a la biblioteca o, a veces, solía incluirme en las batallas entre Einherjars, aprendiendo aún más técnicas de combate con la simple interacción con estos grandes guerreros. En valhalla los Einherjars batallan en torneos todo el día, y aunque pudieran morir en ellos, siempre reviven para la cena.
Durante las tardes también solíamos juntarnos para conversar, mcuhas veces Brunhilda venía con noticias de Midgard: los mayoes combates entre Asatru estaban migrando hacia las tierras del Norte, hacia Escandinavia, porque en el continente las tribus estaban ocupadas defendiendose de los invasores romanos. Pronto comenzarían a buscar nuevas doncellas, escandinavas éstas, para aprovechar los conocimientos de la geografía y lenguas de sus tierras de origen.
Después de elegir a los caídos que tuvieran mérito suficiente para entrar en Valhalla, nos reuníamos en la cima de un peñasco, conocido como "La Roca de la Valquiria". Allí nos encontrábamos una tarde, después de cierta cruel batalla. La ira que había entre los héroes muertos que cargábamos se traducia como peleas entre nuestros caballos, y teníamos que mantenerlos alejdos entre sí para no armar tremendo espectáculo. Eramos ocho, Brunhilda se estaba tardando demasiado y a Odín no le agradaba vernos llegar sin ella. A lo lejos, cabalgando agitadamente, y llevando un bulto de no gran tamaño, la vimos acercarse:
Rossweisse: Si estamos todas reunidas, ya podemos empezar. Iremos hasta Valhalla para llevar a Wotan sus guerreros.
Helmwige: Sólo somos ocho; todavía falta una.
Gerhilde: Brünnhilde todavía debe estar coqueteando con ese moreno de Wälsung.
Waltraute: Nuestra obligación es esperarla. El Padre de las Batallas no nos daría una buena bienvenida si nos viera llegar sin ella.
Siegrune (señalando a lo lejos): ¡Por aquí! ¡Por aquí! Por aquí viene cabalgando furiosa Brünnhilde
Las ocho walkyrias: ¡Hojotoho! ¡Hojotoho! ¡Brünnhilde, hola!
Waltraute: Hacia los abetos dirige a su atolondrado caballo.
Grimgerde: ¡Cómo jadea Grane después de cabalgar tan rápido!
Rossweisse: Nunca he visto a una Valquiria galopando de una manera tan furiosa.
Ortlinde: ¿Qué lleva en la silla?
Helmwige: Eso no es un héroe.
Siegrune: Lleva una mujer
Gerhilde: ¿Cómo ha encontrado a la mujer?
Schwertleite: Ni tan solo saluda a sus hermanas
Waltraute: ¡Heiaha! ¡Brünnhilde! ¿No nos oyes?
Ortlinde: Ayudad a nuestra hermana a desmontar del caballo.
Brunhilda y la mujer desmontaron, y nuestra hermana nos pidió que la ayudemos a defenderla de Odín. Con Ortlinde nos quedamos guardando la roca, para avisar sobre la llegada del dios, pero las otras valquirias se rehusaron a prestar sus caballos a Brunhilda. En cambio, le indicaron a la mujer que llevaba, Sieglinde, que se escondiera en el bosque, cerca de la cueva de Fafnir, donde Odín no la buscaría. Llegó Odín, y ante la orden nos retiramos todas a Valhalla. Brunhilda jamás volvió a pisar su casa. Segun me enteré, fue castigada a desposarse con el hombre que atravesara el fuego que la rodeaba, allí en la Roca. Sólo un guerrero valiente habría de animarse a cruzar este fuego, y así su honor no sería mancillado como si fuera apenas un hombre común con quien debiera casarse.
Después de este incidente, perdimos a Ortlinde, Rossweise y Gerhilde en manos de hombres que encontraban y escondían sus alas para desposarse con ellas. A Odín se lo veía cabizbajo, ya no había cacerías salvajes, ni festines en Valhalla, desde que había castigado a su preciada hija. Entre tantas idas y vueltas de constantes batallas, a veces me detenía a observar a Brunhilda. Años la vi durmiendo, protegida por el fuego. Por fuera de las paredes igneas, cuerpos chamuscados de guerreros que no poseían la fuerza y el valor para atravesar la divina protección. Una tarde me sorprendió verla despierta, soñando seguramente en el héroe que la habria rescatado. Se encontraba sola, y al acercarme más pude ver que llevaba un anillo dorado en su mano izquierda. "ese anillo..." pensé "es Andvaranaut, el que quiere Odín para pagar Valhalla y que vuelva Freya...". Desoyendo las órdenes de no volver a hablar con la valquiria, una noche me acerqué a la roca.
Brünnhilde: A lo lejos oigo un ruido que me trae recuerdos del pasado. Un caballo alado cabalga hacia aquí; a través de las nubes se dirige a esta roca con gran estrépito. ¿Quién es el que me busca en mi soledad?
Waltraute: Brünnhilde, hermana ¿estás despierta o dormida?
Brünnhilde: ¡Waltraute me está llamando! ¡que feliz me hace! ¿Eres tú, hermana, la que viene? ¿Has volado con valentía para venir a verme? Aquí, en el bosque … aún te acuerdas… baja del caballo y deja que ese valiente descanse. ¿Has venido a verme? ¿Eres tan valiente que no has tenido miedo de venir a saludar a Brünnhilde?
Waltraute: Sólo por tu propio bien he venido tan aprisa.
Brünnhilde: ¿Y por el bien de Brünnhilde te has atrevido a contradecir las órdenes del Padre de las Batallas? ¿O se trata de algo más? Dime ¿se ha desvanecido ya el antagonismo de Wotan? Cuando le desobedecí y protegí a Siegmund cometiendo así un gran error - eso ya lo sé - …aún así llevé a cabo sus deseos. También sé que su furia se debilitó, pues aunque me dejó aquí para someterme a un largo sueño y hacerme prisionera de esta roca, y me reservara sólo para el hombre que me encontrara y despertara, accedió a mis súplicas y rodeó la roca con un fuego abrasador para impedir el acceso a los cobardes. Mi sentencia me trajo la felicidad, pues el más maravilloso de los héroes me consiguió como esposa. Hoy, resplandezco y sonrío con su amor. Hermana, ¿te sedujo mi destino? ¿querías gozar de mi felicidad y compartir lo que me ha ocurrido?
Waltraute: ¿Compartir ese delirio que se ha apoderado de ti, loca ? Otro asunto me ha obligado, aunque con miedo, a desobedecer las órdenes de Wotan,
Brünnhilde: Pobre hermana ¿acaso la ansiedad y el miedo se han apoderado de ti? ¿Aún no se ha arrepentido Wotan de su severidad? ¿Aún tienes miedo de su ira y sus castigos?
Waltraute: Si aún los temiera, pondría fin a mis temores.
Brünnhilde: Me dejas asombrada… ¡no entiendo nada!.
Waltraute: Contrólate y escúchame atentamente. Mi miedo me empuja de vuelta a Valhalla tal como me ha empujado a venir aquí desde Valhalla.
Brünnhilde: ¿Que les pasa a los dioses inmortales?
Waltraute: Escucha con atención e inteligencia lo que voy a decirte. Desde que se despidió de ti, Wotan no ha vuelto a enviarnos a la lucha. Perdidas y desorganizadas cabalgamos con ansia a la guerra. El Padre de la Guerra no llevó consigo a los valientes héroes de Valhalla, y sólo con su caballo, sin descanso, recorrió el mundo como el Viajero. No hace mucho tiempo, regresó a casa, llevando en sus manos los trozos de su lanza que había sido destrozada por un héroe. Con un gesto, envió a los nobles de Valhalla al bosque para que talaran el Fresno del Mundo, e hizo que amontonaran los trozos de madera en una pila monstruosa alrededor de la casa de los Benditos. Hizo llamar al consejo de los dioses, tomó asiento en su trono solemne y ordenó a los atemorizados dioses sentarse junto a él. Los héroes llenaron el palacio formando círculo alrededor de él. Y allí permanece sentado, sin decir palabra, en su trono majestuoso, silencioso y serio, sosteniendo en su mano los restos de su lanza. Se niega a tocar las manzanas de Holda. El asombro y el miedo se han apoderado de los dioses inertes. Ha enviado a sus dos cuervos a viajar por el mundo: si le traen buenas noticias, entonces una vez más… por última vez el dios volverá a sonreír. Las Valquirias permanecen sentadas junto a él agarradas a sus rodillas, pero él ni siquiera se da cuenta de nuestras miradas llenas de lágrimas. Todos estamos consumidos por el miedo y la ansiedad que nunca se acaban. Yo, me agarré a su pecho llorando y entonces, al pensar en Brünnhilde su mirada se hizo más dulce. Suspiró profundamente, cerró los ojos y como si se hallara sumido en un sueño, susurró estas palabras: "Si ella devolviera el anillo a las Ninfas del Rin, los dioses y el mundo se verían libres del peso de la maldición". Así que yo, después de pensarlo, me deslicé entre las filas de héroes y en secreto y a toda prisa monté mi caballo y cabalgué hasta a ti a toda velocidad. Oh hermana, deja que te suplique: ten el coraje para llevar a cabo lo que tú puedes hacer. Pon fin a esta desgracia eterna.
Brünnhilde: ¿Qué historias me explicas de sueños de ansiedad con tanta tristeza? Por mi locura, estoy apartada del sagrado cielo del dios. No entiendo lo que me dices. Tu historia me parece confusa y sin sentido. En tu ojos ¡que cansados parecen! brillan llamas relucientes. ¿Qué quieres de mi, lívida hermana de mejillas pálidas?
Waltraute: El anillo de tu dedo: eso es lo que quiero. ¡Acepta mi consejo, y por el bien de Wotan, déshazte de él!
Brünnhilde: ¿El anillo? ¿Deshacerme de él?
Waltraute: Devuélvelo a las Ninfas del Rin
Brünnhilde: ¿A las Ninfas del Rin? ¿Yo? ¿Este anillo? ¿La prenda de amor de Siegfried? ¿Estás loca?
Waltraute: Escucha, escucha mis temores. Los dolores que el mundo padece se deben a él. Déshazte de él, échalo al agua. Tira el maldito anillo al río para poner fin a la desgracia de Valhalla.
Brünnhilde: ¿Qué? ¿Sabes lo que este anillo significa para mí? ¿Cómo podrías entenderlo tú, hermana, que no tienes sentimientos? Para mí, este anillo significa más que los placeres de Valhalla, más que la gloria de los dioses. Una sola mirada a este oro reluciente, un solo rayo de su brillo majestuoso significa más para mí que todos los dioses y su eterna felicidad! Pues, como un paraíso, a través de él el amor de Siegfried brilla sobre mí: ¡El amor de Siegfried! Oh, si pudiera explicarte la alegría que ello me supone. Eso es lo que el anillo es para mi. Regresa a tus dioses y su secreta asamblea, y sobre el anillo, diles esto: nunca renunciaré al amor; nunca me separaran del amor, aunque el radiante esplendor de Valhalla caiga en ruinas.
Waltraute ¿Es así como demuestras tu lealtad? ¿Así que con dolor y sin amor abandonas a tu hermana?
Brünnhilde Vete, cabalga en tu caballo. No te llevarás mi anillo.
Waltraute ¡Maldita! ¡Maldita! Hermana, estás maldita. Los dioses están malditos en Valhalla.
Brünnhilde Vete, el viento ha despejado el cielo de nubes y relámpagos. No vuelvas otra vez por aquí. La luz del crepúsculo cubre ya el cielo, y mi fuego guardián brilla aún más.
Volví a Valhalla, el ambiente era tenso. Entré en mi habitación y me largué a llorar. El fin era inminente, el "amor", aquel sentimiento bajo y humano había enceguecido a mi querida hermana, y estaba más cerca el ocaso de los dioses. Sobre mi almohada encontré una nota, breve pero concisa:
"Toma tus armas, tu armadura, y vuelve a Germania. Tu incursión no habrá sido fructífera, pero aunque lo hubiera sido igual me has desobedecido, así que no volverás a pisar Valhalla hasta que redimas tu honor. Pronto recibirás nuevas noticias. Odín"
Cerré los ojos, guardé la nota y abandoné Valhalla. Valquiria errante seria ahora, hasta poder volver a mi casa.

jueves, 28 de junio de 2007

I

Antes que empezar a escribir cualquier cosa, creo que debo presentarme. Mi nombre es Waltraute, en alemán significa "la poderosa en batalla". No recuerdo mi apellido, lo perdí hace mucho tiempo.
Mi primer origen es germano, aunque ahora me encuentro en el sudoeste de Midgard. Digo primero, porque he tomado cientos de cuerpos hasta el día de hoy, de muchos lugares diferentes, hasta llegar al que hoy me alberga, infinitamente idéntico al primero, que es lo que me permite estar escribiendo.

Sí, dije Midgard. Nací hace mucho, en el seno de una familia noble en las tierras del Rhin, donde aprendí a manejar la espada y el escudo con bastante destreza, suplantando a uno de mis hermanos que prefería el estudio de mapas... definitivamente no era suave y refinada como mis hermanas... Creo que eso llevó a que no me buscaran cuando, a la edad de 11 años, desaparecí tras una incursión de los pueblos del Norte. Hombres barbudos, fuertes, que primero me confundieron con un muchacho (me encontraba justamente en una de las "clases") y me enseñaron el arte de la caza y la pesca, y hasta perfeccioné mis tácticas de combate, en un recorrido por las costas de Dinamarca y Noruega que duró un año, con varios saqueos incluídos. Hasta que llegamos al Althing de Trondheim, y me presentaron como un nuevo guerrero de lo que todos llamarían "horda vikinga", pero no por ser ancianos entraron los integrantes a este selecto grupo, sino por sabios, y entendieron por qué no tenía barba...
Así y todo, yo pensaba que en ese momento me cortarían la cabeza o algo por el estilo, pero no... su sociedad valoraba más a la mujer que lo que se hace ahora, y fui "adoptada" por el líder del poblado. Estuve unos meses en su casa, y al poco tiempo me enviaron a un bosque, a aprender con un Gothi sobre los ritos de allí. Aprendí a manejarme en blots, escritura y magia rúnica, Wyrd y Orlög... antes de los 15 ya estaba preparada para lo que me depararía el destino...

Ocurrió una tarde tormentosa, en las afueras del pueblo. Se necesitaban espadas para detener la invasión enemiga, y se sabía de mi habilidad con ellas. Recuerdo que vino mi padre a buscarme, acompañado de otro hombre, a quien jamás antes había visto, alto, fuerte, cubierto por una capa y con un sombrero de ala ancha que ocultaba su rostro. Este hombre me dio una espada, y me llevó al campo de batalla. Sabiéndome observada por él, pese a un instante de timidez, salté del caballo y comencé a aniquilar a los enemigos de mi gente, hasta que no quedó ninguno vivo. Una bruma cubrió el claro del bosque adonde había llegado, y sabiendo lo que significaba (a quiénes no debía ver, si quería seguir viviendo) monté el caballo que me había traido y lo dejé volver por su camino. La bruma espesó, ya no veía ni las crines del equino, que tomó un camino empinado, sin ramas molestas ni piedras. Ya no llovía, ni se escuchaba el trinar de los pájaros, sólo el paso apurado del caballo, que se multiplicó de repente, al tiempo que la niebla desvanecía y me encontraba cabalgando sobre Bifröst, junto a las valkyrias y con Valhalla como destino.

domingo, 3 de junio de 2007

Por lo que les concierne...

...este es el post nº1.

Antes tenía este mismo blog, pero como era con mi mail "oficial", tuve que cerrarlo :P

Así que va de nuevo...

Waltraute