- Hasta la próxima guerra - anunció la Diosa con voz firme.
Wotan, quien se había levantado de su asiento y la esperaba de pie confirmó sus palabras.
- La próxima vez que cruce una guerra su camino recordará todo. Si decide volver a empuñar una espada y caer en batalla será bienvenida. Si, en cambio, prefiere esta nueva vida, estará condenada a morar en Hellheim y combatir en Ragnarok contra sus hermanas. En ese momento se decidirá quién gana...
- Porque ahora está viva, que era mi deseo, y está fuera de Asgard, que era el tuyo.
- Aunque - terco, insistió - llevo ventaja: vos querías que reflexionara sobre lo ocurrido, y no podrá hacerlo hasta ese momento de la elección.
Fricka no respondió, era cierto. Wal decidiría "en caliente" y si no lo pensaba, seguro que ganaba Odín. Se limitó a sentarse a su lado. El Tuerto continuó: - Hasta la próxima batalla la dejaremos en paz.
Ella vio Valquirias llegadas de lejos, prestas a cabalgar al hogar de los dioses (Voluspa:30)
miércoles, 24 de noviembre de 2010
- ¡Era broma! - rió Wal - Ni loca piso ese lugar. ¡Ea, cambien esa cara! Me vestí bien para desayunar con ustedes, mis vikingos, que están todos bonitos y no podía ser menos...
- Entonces... -
- Claro, recuerdo quién es Loki, qué es Valhalla, mi familia, hermana y hermano: recuerdo que hay un barco varado en Massa, y que sé navegarlo.
- ¿Y...?
- No recuerdo dónde me hice la herida de las costillas ni esta de mi mano. Tampoco esa Orden que mencionaron, la del Cuervo.
- del Cuervo Rojo.
- Me van a tener que ayudar con eso, si me cruzo a alguien que debiera conocer, deberán guiarme. Creo que... - una brisa fugaz le llevó una voz conocida "Esperarás mi señal" - ...hay algo mal aquí - se llevó el puño derecho al corazón - y hasta que no se arregle, o no sé qué, no podré recordar nada.
Los cuatro dejaron lo que estaban haciendo (Brynjar el desayuno, los otros nada) y fueron a abrazarla, contentos. Esta sí que sería una nueva vida.
- Entonces... -
- Claro, recuerdo quién es Loki, qué es Valhalla, mi familia, hermana y hermano: recuerdo que hay un barco varado en Massa, y que sé navegarlo.
- ¿Y...?
- No recuerdo dónde me hice la herida de las costillas ni esta de mi mano. Tampoco esa Orden que mencionaron, la del Cuervo.
- del Cuervo Rojo.
- Me van a tener que ayudar con eso, si me cruzo a alguien que debiera conocer, deberán guiarme. Creo que... - una brisa fugaz le llevó una voz conocida "Esperarás mi señal" - ...hay algo mal aquí - se llevó el puño derecho al corazón - y hasta que no se arregle, o no sé qué, no podré recordar nada.
Los cuatro dejaron lo que estaban haciendo (Brynjar el desayuno, los otros nada) y fueron a abrazarla, contentos. Esta sí que sería una nueva vida.
Domingo por la mañana, apenas había amanecido, Brynjar preparaba un nuevo desayuno. Llevaba un delantal cubriendo la ropa, cosa que Olé notó al instante:
- Hombre, que te nos vas!
- Ay, es que esta grasa no se quita.
- Jajajaa... es cierto. Hmm hoy pondré servilletas. Pero por favor no vengas con eso a la mesa.
- Por supuesto.
En el comedor, Stian y Bjorn se sorprendían al ver a Wal bajar las escaleras, primera vez que lo hacía.
- ¿Por qué tan arreglada? - preguntó Bjorn - ¿Vas a algún lado?
- Claro, hoy es Domingo, hay Misa.
- Hombre, que te nos vas!
- Ay, es que esta grasa no se quita.
- Jajajaa... es cierto. Hmm hoy pondré servilletas. Pero por favor no vengas con eso a la mesa.
- Por supuesto.
En el comedor, Stian y Bjorn se sorprendían al ver a Wal bajar las escaleras, primera vez que lo hacía.
- ¿Por qué tan arreglada? - preguntó Bjorn - ¿Vas a algún lado?
- Claro, hoy es Domingo, hay Misa.
El viernes transcurrió tranquilo, por la tarde Wal estaba en el jardín descansando al sol. El progreso, en lo físico, era rápido, el problema seguía estando en la cabeza. Antes del anochecer Theodoro se despidió: era hora de volver a Mantúa.
El sábado amaneció soleado, y Stian fue al mercado a buscar pan fresco para el desayuno. Allí se encontró con una mujer encapuchada, parecía mayor por sus manos: ésta lo tomó del brazo y le dijo:
- Ve con cuidado, la batalla es más grande de lo que piensas. No fuercen su mente: si no recuerda algo, no debe saberlo.
Antes de desaparecer entre la muchedumbre le entregó una moneda de oro. Stian se quedó perplejo, pero luego volvió a lo suyo.
- Tres hogazas por favor - indicó
- Aquí tiene - dijo la panadera, y al ver la moneda con la cual pagaba se la devolvió: - sólo aceptamos ducados venecianos.
El vikingo se corrigió, pagó lo propio y retornó a la casa estudiando la moneda. Los otros sabrían corregirlo, pero de un lado, estaba seguro, había un valknut, y del otro estaba el escudo de la Casa de Isenstein, de la familia de Waltraute.
Llegó a la casa y contó lo sucedido a los otros, enseñándoles la moneda.
- Esto es cosa de los Ases.
- Se nos complicará cuando empiece a preguntar.
- Armemos una historia entonces, así no nos contradecimos ni nada de eso.
- Y contestemos siempre muy superficialmente.
- Hecho.
Así, pasaron la tarde pensando en eso, y por la noche, durante la cena, a sus preguntas contestaron lo justo y necesario. Que nació en Isenstein y estudió en Trondheim, donde volvió junto a ellos; luego se casó y enviudó rápido y viajó a continente: allí pasó por Hispania, el sur de Francia hasta llegar a Venezia y vivía desde hacía tiempo en ese lugar.
El sábado amaneció soleado, y Stian fue al mercado a buscar pan fresco para el desayuno. Allí se encontró con una mujer encapuchada, parecía mayor por sus manos: ésta lo tomó del brazo y le dijo:
- Ve con cuidado, la batalla es más grande de lo que piensas. No fuercen su mente: si no recuerda algo, no debe saberlo.
Antes de desaparecer entre la muchedumbre le entregó una moneda de oro. Stian se quedó perplejo, pero luego volvió a lo suyo.
- Tres hogazas por favor - indicó
- Aquí tiene - dijo la panadera, y al ver la moneda con la cual pagaba se la devolvió: - sólo aceptamos ducados venecianos.
El vikingo se corrigió, pagó lo propio y retornó a la casa estudiando la moneda. Los otros sabrían corregirlo, pero de un lado, estaba seguro, había un valknut, y del otro estaba el escudo de la Casa de Isenstein, de la familia de Waltraute.
Llegó a la casa y contó lo sucedido a los otros, enseñándoles la moneda.
- Esto es cosa de los Ases.
- Se nos complicará cuando empiece a preguntar.
- Armemos una historia entonces, así no nos contradecimos ni nada de eso.
- Y contestemos siempre muy superficialmente.
- Hecho.
Así, pasaron la tarde pensando en eso, y por la noche, durante la cena, a sus preguntas contestaron lo justo y necesario. Que nació en Isenstein y estudió en Trondheim, donde volvió junto a ellos; luego se casó y enviudó rápido y viajó a continente: allí pasó por Hispania, el sur de Francia hasta llegar a Venezia y vivía desde hacía tiempo en ese lugar.
- No hay caso, no...
- Va a ser lento.
- ¿Quién se anima a decirle de Njal?
Todos en silencio. - Eso demorará mucho - señaló Bjorn - encima está muy sensible, no recuerdo haberla visto llorar así, delante de "desconocidos".
- Tiempo al tiempo, nosotros... nosotros a mantener la casa y a arreglar esa parte de su vida que no recuerda.
- Ayer venció la reserva de amarre del Drakkar, así que tampoco recuerda eso.
- Y tiene que terminar de juntar el inventario de la Orden.
- Renunció, me enteré.
- Eso no sirve de nada, si tampoco la recuerda.
- ¡Es increíble que no recuerde la Orden!
- ¿Recordará cómo navegar un barco? Porque hay que volver a Francia.
Theo subió con unos papeles para mantener despierta a Wal, y los vikingos se dedicaron a trabajar en la herrería y abastecer la casa. Armaron una mesa en la habitación de la muchacha, cosa de poder cenar con ella, y durante ésta descubrieron que las palabras "guerra", "espada", "muerte" y "Valkyria" no se encontraban en el vocabulario de la rubia. "Loki" pensaron todos "pero qué raro que el Tuerto le permita hacer ésto".
- Va a ser lento.
- ¿Quién se anima a decirle de Njal?
Todos en silencio. - Eso demorará mucho - señaló Bjorn - encima está muy sensible, no recuerdo haberla visto llorar así, delante de "desconocidos".
- Tiempo al tiempo, nosotros... nosotros a mantener la casa y a arreglar esa parte de su vida que no recuerda.
- Ayer venció la reserva de amarre del Drakkar, así que tampoco recuerda eso.
- Y tiene que terminar de juntar el inventario de la Orden.
- Renunció, me enteré.
- Eso no sirve de nada, si tampoco la recuerda.
- ¡Es increíble que no recuerde la Orden!
- ¿Recordará cómo navegar un barco? Porque hay que volver a Francia.
Theo subió con unos papeles para mantener despierta a Wal, y los vikingos se dedicaron a trabajar en la herrería y abastecer la casa. Armaron una mesa en la habitación de la muchacha, cosa de poder cenar con ella, y durante ésta descubrieron que las palabras "guerra", "espada", "muerte" y "Valkyria" no se encontraban en el vocabulario de la rubia. "Loki" pensaron todos "pero qué raro que el Tuerto le permita hacer ésto".
- ¿Qué día es hoy? - preguntó Wal entre bocados
- Diez de Noviembre
Terminó de comer, ya bastante bien recompuesta, y se aprestó a responder el cuestionario.
- ¿Cómo te llamas?
- No sé
- ¿Donde naciste?
- No sé
- ¿Tienes familia?
- No-dudó - No sé
Theo alzó las cejas y miró a los vikingos, que ingresaban en la habitación. Wal esbozó una sonrisa al verlos, "ah, esto es otra cosa" pensó.
- ¿Sabes quienes son ellos?
- Los bárbaros de hoy a la mañana, no sé sus nombres - se encogió de hombros.
- Antes de recibir nueva información, sigamos con las preguntas.
- ¿Sabes qué es la Orden del Cuervo Rojo?
Wal negó con la cabeza.
- ¿Valhalla?
Tampoco.
- ¿Cuales son tus intereses?
- Tengo alguna afición por el dibujo, pero nunca me he destacado en el canto. No toco instrumentos musicales, y me gusta escribir cosas. También me gustan la botánica y mirar piedras.
- ¿Quién es Loki?
Nada.
- ¿Quién es el Chambelán de Venezia?
- El Conde de Feltre, Don Ludovico della Scala.
- ¿Y el Alcalde de Verona?
- LA Alcaldesa - lo corrigió - Ira de los Ubertini, esposa de Ludovico.
- ¿Cómo se llaman tus padres?
- No-sé - volvió a contestar, enfadada.
- Basta - interrumpió Stian - creo que entiendo por donde va la cosa.
Tomó unos papeles del escritorio de Wal y se los acercó.
- Vos sos Waltraute de Isenstein, podés reconocer tu escritura y tu firma aquí.
- Estos son papeles de la Cancillería, sí, escritos por mí. Claro, es cierto, ese es mi nombre. - dijo mientras los revisaba.
- Naciste en Isenstein, Islandia, y estudiaste en Trondheim, donde nos conociste a nosotros. De eso unos diez años.
- Bastante tiempo - pensó en voz alta la rubia - disculpen que no los reconozco... no sé qué me pasa. - se llevó una mano a la cabeza, y una lágrima rodó por su mejilla.
- Por ahora está bien - indicó el viejo - si te sientes descansada ponte con tu trabajo, a leer cosas de eso. Sobre tu vida... mejor ir poco a poco.
- Gracias - les dijo mientras la dejaban sola en la habitación. No tardó mucho en intentar levantarse: logró con bastante esfuerzo sentarse a la orilla de la cama, y calzarse unas pantuflas. Con dificultad llegó al escritorio, prendió una vela y se dispuso a leer las noticias de la KAP que le llegaban de los ducados italianos y de hispania.
- Diez de Noviembre
Terminó de comer, ya bastante bien recompuesta, y se aprestó a responder el cuestionario.
- ¿Cómo te llamas?
- No sé
- ¿Donde naciste?
- No sé
- ¿Tienes familia?
- No-dudó - No sé
Theo alzó las cejas y miró a los vikingos, que ingresaban en la habitación. Wal esbozó una sonrisa al verlos, "ah, esto es otra cosa" pensó.
- ¿Sabes quienes son ellos?
- Los bárbaros de hoy a la mañana, no sé sus nombres - se encogió de hombros.
- Antes de recibir nueva información, sigamos con las preguntas.
- ¿Sabes qué es la Orden del Cuervo Rojo?
Wal negó con la cabeza.
- ¿Valhalla?
Tampoco.
- ¿Cuales son tus intereses?
- Tengo alguna afición por el dibujo, pero nunca me he destacado en el canto. No toco instrumentos musicales, y me gusta escribir cosas. También me gustan la botánica y mirar piedras.
- ¿Quién es Loki?
Nada.
- ¿Quién es el Chambelán de Venezia?
- El Conde de Feltre, Don Ludovico della Scala.
- ¿Y el Alcalde de Verona?
- LA Alcaldesa - lo corrigió - Ira de los Ubertini, esposa de Ludovico.
- ¿Cómo se llaman tus padres?
- No-sé - volvió a contestar, enfadada.
- Basta - interrumpió Stian - creo que entiendo por donde va la cosa.
Tomó unos papeles del escritorio de Wal y se los acercó.
- Vos sos Waltraute de Isenstein, podés reconocer tu escritura y tu firma aquí.
- Estos son papeles de la Cancillería, sí, escritos por mí. Claro, es cierto, ese es mi nombre. - dijo mientras los revisaba.
- Naciste en Isenstein, Islandia, y estudiaste en Trondheim, donde nos conociste a nosotros. De eso unos diez años.
- Bastante tiempo - pensó en voz alta la rubia - disculpen que no los reconozco... no sé qué me pasa. - se llevó una mano a la cabeza, y una lágrima rodó por su mejilla.
- Por ahora está bien - indicó el viejo - si te sientes descansada ponte con tu trabajo, a leer cosas de eso. Sobre tu vida... mejor ir poco a poco.
- Gracias - les dijo mientras la dejaban sola en la habitación. No tardó mucho en intentar levantarse: logró con bastante esfuerzo sentarse a la orilla de la cama, y calzarse unas pantuflas. Con dificultad llegó al escritorio, prendió una vela y se dispuso a leer las noticias de la KAP que le llegaban de los ducados italianos y de hispania.
Llegaron a la sala cabizbajos, en silencio.
- No puede ser que nos haya olvidado.
- ¡Tantas cosas hemos vivido juntos!
- ¡Y nos teme!
- Aquí está la mano de Loki, se los aseguro.
- Va a recordarlos, no se preocupen, denle tiempo.
- ¿De dónde se conocen?
- De cuando cayó en Guastalla, yo encontré a su hermana y a ella en el camino, y las llevé a Mantúa, donde vivo, a un convento-hospicio. Allí las cuidaron, y con Waltraute estuvimos trabajando en la traducción de unos textos antigus de botánica.
- ¿Y por qué te recuerda?
- No lo sé, a decir verdad no lo entiendo. Habrá que indagar más en qué recuerda y qué no.
Bjorn fue a preparar algo de desayuno, y los otros ofrecieron a Theo, ya que allí era "el conocido de Wal" que se quede con ellos, en la habitación de huéspedes. Así él de algún modo la hacía confiar en ellos, y no se escapaba apenas pudiera caminar.
El viejo aceptó, y mientras desayunaban los vikingos se repartieron tareas. Stian iría con Theodoro a la residencia donde estaba para buscar todas sus pertenencias. Brynjar y Olé, al mercado por comida y Bjorn, a la herrería a trabajar.
- Ejem - interrumpió el viejo - antes de empezar les recomendaría algo... no se ofendan, claro.
- ¿Sí?
- Creo que les facilitaría la vida en la ciudad, recortar el pelo, la barba y asearse un poco, aparte de usar ropa limpia.
Los cuatro lo miraron así:
- Insisto, tomen el consejo, quizás así Wal los acepta más rápido.
Bjorn infló el pecho, se cruzó de brazos, levantó la barbilla y dijo: - Sólo por ella haría algo así.
Los otros tres asintieron y confirmaron que harían eso, así que mientras el viejo terminaba de desayunar se fueron los cuatro al lavadero, cuchillo en mano, y se dispusieron a cortar el cabello y la barba (alguno también las uñas).
Luego, uno por uno se fueron bañando y del sótano tomaron unas ropas de "hombre decente" que Wal les había comprado, allá lejos y hace tiempo, "por si alguna vez aceptaban acompañarla a un evento social de Verona".
- Mejor - señaló el viejo cuando reaparecieron los cuatro caballeros.
- Somos el hazmerreír del pueblo vikingo - respondió Olé.
- No creo que haya muchos más por aquí.
- Nah, sólo la Orden completa y Svein, el que anda con la Marquesa.
- No puede ser que nos haya olvidado.
- ¡Tantas cosas hemos vivido juntos!
- ¡Y nos teme!
- Aquí está la mano de Loki, se los aseguro.
- Va a recordarlos, no se preocupen, denle tiempo.
- ¿De dónde se conocen?
- De cuando cayó en Guastalla, yo encontré a su hermana y a ella en el camino, y las llevé a Mantúa, donde vivo, a un convento-hospicio. Allí las cuidaron, y con Waltraute estuvimos trabajando en la traducción de unos textos antigus de botánica.
- ¿Y por qué te recuerda?
- No lo sé, a decir verdad no lo entiendo. Habrá que indagar más en qué recuerda y qué no.
Bjorn fue a preparar algo de desayuno, y los otros ofrecieron a Theo, ya que allí era "el conocido de Wal" que se quede con ellos, en la habitación de huéspedes. Así él de algún modo la hacía confiar en ellos, y no se escapaba apenas pudiera caminar.
El viejo aceptó, y mientras desayunaban los vikingos se repartieron tareas. Stian iría con Theodoro a la residencia donde estaba para buscar todas sus pertenencias. Brynjar y Olé, al mercado por comida y Bjorn, a la herrería a trabajar.
- Ejem - interrumpió el viejo - antes de empezar les recomendaría algo... no se ofendan, claro.
- ¿Sí?
- Creo que les facilitaría la vida en la ciudad, recortar el pelo, la barba y asearse un poco, aparte de usar ropa limpia.
Los cuatro lo miraron así:

- Insisto, tomen el consejo, quizás así Wal los acepta más rápido.
Bjorn infló el pecho, se cruzó de brazos, levantó la barbilla y dijo: - Sólo por ella haría algo así.
Los otros tres asintieron y confirmaron que harían eso, así que mientras el viejo terminaba de desayunar se fueron los cuatro al lavadero, cuchillo en mano, y se dispusieron a cortar el cabello y la barba (alguno también las uñas).
Luego, uno por uno se fueron bañando y del sótano tomaron unas ropas de "hombre decente" que Wal les había comprado, allá lejos y hace tiempo, "por si alguna vez aceptaban acompañarla a un evento social de Verona".
- Mejor - señaló el viejo cuando reaparecieron los cuatro caballeros.
- Somos el hazmerreír del pueblo vikingo - respondió Olé.
- No creo que haya muchos más por aquí.
- Nah, sólo la Orden completa y Svein, el que anda con la Marquesa.
Estaba todo negro, y de repente un fuerte aroma inundó su sueño. No pudo más que despertarse para sacarse eso de encima, y fue tal la repugnancia que le dio aquel olor que la hizo vomitar. ¿Qué era eso? Abrió los ojos, lo primero que hizo fue mirar la única luz de la habitación, una vela que estaba sobre una mesita. Su vista comenzó a aclararse, y reconoció un hombre, sentado a la vera de la cama, viejo. Su rostro le era conocido... y detrás, otros ¿tres? cuatro. Sí, cuatro, pensó, ¿bárbaros? Eran rubios, de contextura fuerte, barbados y sucios. Encajaban perfectamente en la definición de "bárbaros". Uno intentó acercarse, y ella se alejó, cubriéndose con la sábana. Estaba en camisón ¡delante de tanto desconocido! Pero no, el viejo era familiar...
- ¿Quién es? - atinó a preguntar en italiano - ¿quién soy? ¿dónde estoy?
Uno de los bárbaros se llevó la mano a la cabeza, como si algo anduviera mal. El viejo les hizo una seña.
- ¿Sabes quién soy? - le preguntó. Wal intentó tragar saliva, y le acercaron un vaso con agua.
- Se me hace conocido, señor - respondió. Pensó un rato y arriesgó - ¿Theodoro?
- Sí, niña, soy yo. Veo que has aprendido italiano, la vez anterior despertaste hablando otro idioma. ¿Sabes quienes son ellos?
Wal negó con la cabeza.
- ¿Sabes en qué día, mes y año estamos?
- Noviembre de Mil cuatrocientos cincuenta y ocho. El día... no, no lo sé.
- ¿Dónde estás?
- En mi cama.- La misma Wal se sorprendió al decir eso, y rápidamente reconoció cada parte de su habitación. - En mi casa, la n° 26 de la Citadella de Verona. - sonrió.
- ¿A qué te dedicas?
- Trabajo en el Palazzo Ducale, en la Cancillería. Soy Cónsul para la Hispania.
- ¿Cómo te llamas?
Silencio. Se llevó la mano izquierda a la frente, pero aunque apretara no salía la respuesta. - ¿Puedo descansar? Me duele la cabeza.
- Sí, te despertaremos para el almuerzo, debes comer.
Theo se levantó y los bárbaros lo ayudaron a cambiar la sábana y lo acompañaron a salir. Antes de que cerraran la puerta, Wal preguntó:
- ¿Qué pasó?
- Te caiste de un árbol - respondió uno medio pelirrojo
- Gracias. - cerraron la puerta - ¿Y qué hacía yo en un árbol?
Pensando en eso se durmió.
- ¿Quién es? - atinó a preguntar en italiano - ¿quién soy? ¿dónde estoy?
Uno de los bárbaros se llevó la mano a la cabeza, como si algo anduviera mal. El viejo les hizo una seña.
- ¿Sabes quién soy? - le preguntó. Wal intentó tragar saliva, y le acercaron un vaso con agua.
- Se me hace conocido, señor - respondió. Pensó un rato y arriesgó - ¿Theodoro?
- Sí, niña, soy yo. Veo que has aprendido italiano, la vez anterior despertaste hablando otro idioma. ¿Sabes quienes son ellos?
Wal negó con la cabeza.
- ¿Sabes en qué día, mes y año estamos?
- Noviembre de Mil cuatrocientos cincuenta y ocho. El día... no, no lo sé.
- ¿Dónde estás?
- En mi cama.- La misma Wal se sorprendió al decir eso, y rápidamente reconoció cada parte de su habitación. - En mi casa, la n° 26 de la Citadella de Verona. - sonrió.
- ¿A qué te dedicas?
- Trabajo en el Palazzo Ducale, en la Cancillería. Soy Cónsul para la Hispania.
- ¿Cómo te llamas?
Silencio. Se llevó la mano izquierda a la frente, pero aunque apretara no salía la respuesta. - ¿Puedo descansar? Me duele la cabeza.
- Sí, te despertaremos para el almuerzo, debes comer.
Theo se levantó y los bárbaros lo ayudaron a cambiar la sábana y lo acompañaron a salir. Antes de que cerraran la puerta, Wal preguntó:
- ¿Qué pasó?
- Te caiste de un árbol - respondió uno medio pelirrojo
- Gracias. - cerraron la puerta - ¿Y qué hacía yo en un árbol?
Pensando en eso se durmió.
A Theodoro le había llamado mucho la atención el hombre que se acercara a ellos aquel mediodía, así que antes de irse a dormir pasó por el ayuntamiento y preguntó a los guardias sobre su condena. Diez noches en prisión, le respondieron, incomunicado, salvo que paguen su fianza. Preguntó por esta, que resultó ser menos de lo que llevaba en su bolsillo: pero no, al menos la noche debía pasarla allí dentro.
Antes de despuntar el alba volvió al recinto y liberó al hombre. Parecía más alto que el día anterior, y pese a su aspecto tenía buenos modos. Como tenía el día libre resolvió ayudarle.
Llegaron a la casa, frente a la Iglesia y a pocas cuadras del Ayuntamiento, y lo recibieron dos barbudos más. El cuarto lo esperaba al pie de la escalera. Mientras los tres primeros hablaban de lo sucedido, se fueron presentando:
- Olé Gunnar Solskjaer - dijo uno - Bjorn Södertälje - siguió el otro y culminó el de la escalera: Brynjar Thorvaldson
Los cuatro lo escoltaron hasta la habitación, y el viejo esbozó una sonrisa al ver quién estaba ahí.
- Siempre la encuentro inconsciente - comentó mientras se acercaba - ¿Qué ocurrió?
- Se cayó de un árbol, de unos seis metros de altura, sobre una roca.
- Veo, el golpe fue aminorado por ramas que detuvieron su caída, ¿no?
Le abrió los ojos y vió sus pupilas dilatadas. Acercó una vela y no observó reacción alguna. La posición del golpe en el cráneo no coincidía con esa reacción. La herida estaba bien limpia y cerrada - Han hecho un buen trabajo muchachos.
Los cuatro se aliviaron al menos un poquito, y Brynjar se animó a hablarle.
- Me parece que estaba comiendo nuez moscada, encontré eso en sus manos.
Theo se incorporó, pensativo. Wal estaba bastante delgada, con los labios resecos y las uñas partidas. No estaría bien alimentada, y si había ingerido demasiada nuez con el estómago vacío, aunque no fuera molida podría...
- ¿Cuanto tiempo lleva así?
- No sabemos, desapareció hace una semana y la encontramos ayer a la mañana, inconsciente, cubierta en su sangre ya seca. Estaba fría pero no mucho.
- ¿Su ropa estaba seca?
- Sí
- Entonces no más de tres días, se accidentó después de la última lluvia. Serían unos diez días de mal alimentarse, habrá que despertarla rápido.
Había llevado con él un bolso de cuero, de base plana ancha, y al abrirlo descubrió, entre otras cosas, unos cuantos frasquitos. Empezó a abrir, oler, guardar cada uno de ellos, hasta que llegó a uno que lo obligó a volver la cabeza a otro lado y luego cerrarlo. Ese no lo guardó: se volvió a Wal y se lo acercó a la nariz. La reacción fue instantánea, la rubia abrió los ojos y se incorporó en la cama, vomitando. Por suerte no había comido mucho esos días.
Wal hizo un gesto de desagrado, y se cubrió con la sábana al ver que se le acercaban los vikingos. Los miró a todos varias veces, mientras se alejaba a la esquina de la cama, contra la pared.
Antes de despuntar el alba volvió al recinto y liberó al hombre. Parecía más alto que el día anterior, y pese a su aspecto tenía buenos modos. Como tenía el día libre resolvió ayudarle.
Llegaron a la casa, frente a la Iglesia y a pocas cuadras del Ayuntamiento, y lo recibieron dos barbudos más. El cuarto lo esperaba al pie de la escalera. Mientras los tres primeros hablaban de lo sucedido, se fueron presentando:
- Olé Gunnar Solskjaer - dijo uno - Bjorn Södertälje - siguió el otro y culminó el de la escalera: Brynjar Thorvaldson
Los cuatro lo escoltaron hasta la habitación, y el viejo esbozó una sonrisa al ver quién estaba ahí.
- Siempre la encuentro inconsciente - comentó mientras se acercaba - ¿Qué ocurrió?
- Se cayó de un árbol, de unos seis metros de altura, sobre una roca.
- Veo, el golpe fue aminorado por ramas que detuvieron su caída, ¿no?
Le abrió los ojos y vió sus pupilas dilatadas. Acercó una vela y no observó reacción alguna. La posición del golpe en el cráneo no coincidía con esa reacción. La herida estaba bien limpia y cerrada - Han hecho un buen trabajo muchachos.
Los cuatro se aliviaron al menos un poquito, y Brynjar se animó a hablarle.
- Me parece que estaba comiendo nuez moscada, encontré eso en sus manos.
Theo se incorporó, pensativo. Wal estaba bastante delgada, con los labios resecos y las uñas partidas. No estaría bien alimentada, y si había ingerido demasiada nuez con el estómago vacío, aunque no fuera molida podría...
- ¿Cuanto tiempo lleva así?
- No sabemos, desapareció hace una semana y la encontramos ayer a la mañana, inconsciente, cubierta en su sangre ya seca. Estaba fría pero no mucho.
- ¿Su ropa estaba seca?
- Sí
- Entonces no más de tres días, se accidentó después de la última lluvia. Serían unos diez días de mal alimentarse, habrá que despertarla rápido.
Había llevado con él un bolso de cuero, de base plana ancha, y al abrirlo descubrió, entre otras cosas, unos cuantos frasquitos. Empezó a abrir, oler, guardar cada uno de ellos, hasta que llegó a uno que lo obligó a volver la cabeza a otro lado y luego cerrarlo. Ese no lo guardó: se volvió a Wal y se lo acercó a la nariz. La reacción fue instantánea, la rubia abrió los ojos y se incorporó en la cama, vomitando. Por suerte no había comido mucho esos días.
Wal hizo un gesto de desagrado, y se cubrió con la sábana al ver que se le acercaban los vikingos. Los miró a todos varias veces, mientras se alejaba a la esquina de la cama, contra la pared.
Salvo cuando saludó al guardia que le llevó la cena, Stian no dijo palabra alguna en su estancia en prisión. Los otros presos lo habían dejado solo, y hablaban bajo al otro lado de la celda. Él era, como mínimo, diez centímetros más alto que todos sus "compañeros", y mucho más musculoso: era también consciente de que su aspecto acababa de proporcionarle el mejor catre y el plato más suculento de comida (por las "donaciones" de los otros presos, claro).
Observó con desazón el sol caer, y maldijo a Loki y a toda su familia. Y un poco también al Tuerto, que no mandaba ningún cuervo para que pudiera comunicarse con los otros. Hugin y Munin, presentes sólo cuando nadie quiere tenerlos cerca. Pensando en eso se durmió.
Un sacudón lo despertó al día siguiente, y se levantó de un modo tan brusco que los guardias dieron varios pasos atrás, temerosos de su ira. Cuando vieron que no hacía nada se recompusieron, y uno dijo:
- Eres libre, han pagado tu fianza.
Afuera encontró un hombre viejo, le pareció que era el mismo que hablaba con la Sindaco el día anterior. Se acercó y mientras salían al exterior le agradeció la ayuda. Hablaron un rato acerca de nada, y el viejo le preguntó qué buscaba el día anterior que parecía tan importante.
- Un médico - respondió Stian, el viejo sonrió.
- Tengo estudios sobre el tema, nunca me he laureado en la materia pero podría ayudar.
El vikingo no entraba en sí mismo de la alegría, lo acompañó a buscar algunos elementos y mientras tanto hicieron las presentaciones de rigor.
- Soy Stian Sternberg, de Trondheim.
- Theodoro Gaza, de Mantúa.
Observó con desazón el sol caer, y maldijo a Loki y a toda su familia. Y un poco también al Tuerto, que no mandaba ningún cuervo para que pudiera comunicarse con los otros. Hugin y Munin, presentes sólo cuando nadie quiere tenerlos cerca. Pensando en eso se durmió.
Un sacudón lo despertó al día siguiente, y se levantó de un modo tan brusco que los guardias dieron varios pasos atrás, temerosos de su ira. Cuando vieron que no hacía nada se recompusieron, y uno dijo:
- Eres libre, han pagado tu fianza.
Afuera encontró un hombre viejo, le pareció que era el mismo que hablaba con la Sindaco el día anterior. Se acercó y mientras salían al exterior le agradeció la ayuda. Hablaron un rato acerca de nada, y el viejo le preguntó qué buscaba el día anterior que parecía tan importante.
- Un médico - respondió Stian, el viejo sonrió.
- Tengo estudios sobre el tema, nunca me he laureado en la materia pero podría ayudar.
El vikingo no entraba en sí mismo de la alegría, lo acompañó a buscar algunos elementos y mientras tanto hicieron las presentaciones de rigor.
- Soy Stian Sternberg, de Trondheim.
- Theodoro Gaza, de Mantúa.
Casi a medianoche el extraño cortejo ingresó en la ciudad. Con cautela, evitando la guardia, llevaron a Wal hasta su casa. Se sorprendieron al encontrarla vacía, sin luz. Acomodaron a la muchacha en su cama y con cuidado la limpiaron y le cambiaron la ropa. Salvo algún arañazo, la única herida importante abierta era la de la cabeza, las de siempre estaban cerradas: las costillas seguían en su lugar, la cuchillada en el vientre y la cortada en la mano lucían cerradas. El problema estaba en la cabeza.
Bjorn le cerró los ojos "porque daba impresión". Él bajó a preparar la cena, y lo siguió Olé. Brynjar, en cambio, se quedó a vigilarla, cada tanto se sentaba a su lado, tomando la mano, acercaba la oreja al pecho para sentir sus débiles latidos. El cuerpo iba recobrando temperatura, pero nada más.
Abajo, los vikingos hablaban de cualquier cosa, para disminuir la angustia y tensión. Los preocupaba la ausencia de Stian. Al final, Olé amenazó:
- Si aparece mañana borracho lo mato.
Bjorn le cerró los ojos "porque daba impresión". Él bajó a preparar la cena, y lo siguió Olé. Brynjar, en cambio, se quedó a vigilarla, cada tanto se sentaba a su lado, tomando la mano, acercaba la oreja al pecho para sentir sus débiles latidos. El cuerpo iba recobrando temperatura, pero nada más.
Abajo, los vikingos hablaban de cualquier cosa, para disminuir la angustia y tensión. Los preocupaba la ausencia de Stian. Al final, Olé amenazó:
- Si aparece mañana borracho lo mato.
A mediodía cruzó el portal de Verona y atravesó las callecitas, pensando en dónde buscar un médico.
- Buen día - saludaba a los transeúntes - ¿sabe usted donde hay un médico aquí?
Las damas huían despavoridas, los hombres le quitaban el saludo con altivez. Decidió ir a preguntar al Ayuntamiento, allí deberían saber.
Ingresó al bello edificio y ya los guardias lo miraron mal. Por ahí andaba la Sindaco, hablando con un anciano, y se acercó a ellos.
- Buen día - comenzó por decimoquinta vez, y tuvo la mala idea de inclinarse hacia ella - estoy buscando...
- ¡Alto ahí! - gritaron los guardias - ¡Queda detenido por Desorden Público!
Entre cinco lo rodearon con las espadas desenfundadas, así que ni intentó defenderse.
En un rincón de la sala Loki reía.
- Buen día - saludaba a los transeúntes - ¿sabe usted donde hay un médico aquí?
Las damas huían despavoridas, los hombres le quitaban el saludo con altivez. Decidió ir a preguntar al Ayuntamiento, allí deberían saber.
Ingresó al bello edificio y ya los guardias lo miraron mal. Por ahí andaba la Sindaco, hablando con un anciano, y se acercó a ellos.
- Buen día - comenzó por decimoquinta vez, y tuvo la mala idea de inclinarse hacia ella - estoy buscando...
- ¡Alto ahí! - gritaron los guardias - ¡Queda detenido por Desorden Público!
Entre cinco lo rodearon con las espadas desenfundadas, así que ni intentó defenderse.
En un rincón de la sala Loki reía.
Los vikingos se levantaron con una importante sensación de extrañeza, y con el cuerpo dolorido, como si los hubieran molido a palos la noche anterior.
- ¿Estamos todos enteros? - preguntó Bjorn - hay mucho olor a sangre seca.
Se miraron y estaban bien (dentro de lo que cabe en cuatro vikingos que no se bañan hace una semana y duermen en la intemperie).
- Lo trae el viento, pero debe estar cerca, se siente mucho.
- Vamos a ver qué es.
Levantaron campamento y se pusieron en marcha. En nada divisaron un bulto, verde oscuro, y rubio de trenzas.
- ¡Wal! - gritaron y salieron corriendo hacia ella. La encontraron con los ojos abiertos pero inconsciente, bañada en su propia sangre. Parecía muerta, pero Brynjar luego de unos interminables minutos escuchó un latido en su corazón.
- Hay que llevarla ya a Verona.
- Ustedes armen un catre para transportarla, yo salgo ahora a buscar un médico. Nos encontramos en la casa de ella.
Así, Stian, que hablaba algo de italiano, salió presuroso hasta la ciudad, mientras los otros tres juntaban madera - las ramas largas caídas serían bastante útiles - y con sus camisas armaban el camastro.
- Nuez moscada - señaló Brynjar al oler lo que había en la mano de Wal - el golpe en la cabeza no parece tan fuerte, no estaba tan arriba en el árbol - decía mientras miraba desde qué altura faltaban ramas.
- Ven, carguémosla aquí.
Con cuidado la levantaron, tratando de que no se moviera ninguna articulación -de las reales, y de las que podría inventar el golpe- y con paso apretado, ligero pero cuidadoso, se encaminaron a Verona. Llegarían por la noche, si nada los atrasaba.
- ¿Estamos todos enteros? - preguntó Bjorn - hay mucho olor a sangre seca.
Se miraron y estaban bien (dentro de lo que cabe en cuatro vikingos que no se bañan hace una semana y duermen en la intemperie).
- Lo trae el viento, pero debe estar cerca, se siente mucho.
- Vamos a ver qué es.
Levantaron campamento y se pusieron en marcha. En nada divisaron un bulto, verde oscuro, y rubio de trenzas.
- ¡Wal! - gritaron y salieron corriendo hacia ella. La encontraron con los ojos abiertos pero inconsciente, bañada en su propia sangre. Parecía muerta, pero Brynjar luego de unos interminables minutos escuchó un latido en su corazón.
- Hay que llevarla ya a Verona.
- Ustedes armen un catre para transportarla, yo salgo ahora a buscar un médico. Nos encontramos en la casa de ella.
Así, Stian, que hablaba algo de italiano, salió presuroso hasta la ciudad, mientras los otros tres juntaban madera - las ramas largas caídas serían bastante útiles - y con sus camisas armaban el camastro.
- Nuez moscada - señaló Brynjar al oler lo que había en la mano de Wal - el golpe en la cabeza no parece tan fuerte, no estaba tan arriba en el árbol - decía mientras miraba desde qué altura faltaban ramas.
- Ven, carguémosla aquí.
Con cuidado la levantaron, tratando de que no se moviera ninguna articulación -de las reales, y de las que podría inventar el golpe- y con paso apretado, ligero pero cuidadoso, se encaminaron a Verona. Llegarían por la noche, si nada los atrasaba.
Nella Foresta di Verona II.d.
Fricka escuchó a los vikingos, los vió irse a dormir y volvió a Asgard. Con paso presto atravesó los portales del Valhalla, enmudeciendo a los Einherjars y al propio Tuerto que allí cenaban. Con una seña, las valkyrias y la Guardia desalojaron el recinto.
- Habla mujer - espetó el Tuerto
- Sabes a qué vengo, ni hablarte debería.
- Esto es lo que ocurre cuando una Valkyria sirve a quien no debe. ¡Aprended, valkyrias! - exclamó volviéndose a las que estaban allí, y de paso señalando también a los guardias - Freyja o yo, nadie más debe guiarlas!
- Quedamos en que el bosque era libre, ¿Crees que no noté la ausencia de animales, de plantas comestibles, y que los vikingos están dando vueltas en círculo? ¡envías a Loki a perderla! ¡a Loki!
- Basta, mujer -
- A Loki, querido esposo mío... ¿Aún piensas que no sé de los hijos que compartes con él?
El Tuerto enfureció, pero se calmó instantáneamente. - Da igual, ya está perdida. Tres días inconsciente allí, y no será salvada por intervención de As o Van.
- Si tan seguro estás trae aquí a Loki, que deje de perder a los muchachos.
La mirada de Fricka llevaba una picardía inusual.
- Eso haré - respondió Odín, que no podia dejar se sonreir ante esa mirada. Miles de años llevaban juntos: sabía lo que significaba. Se levantó del asiento y caminó junto a ella. - El bosque vuelve a ser libre, si la encuentran veremos qué ocurre... no repararé en artilugios para que termine de irse de Midgard.
- Si ni As ni Van pueden salvarla, ni As ni Van pueden matarla. Loki cuenta como As, sólo valen acciones indirectas y nada de ultimar a sus conocidos.
- Hecho. - mientras abría la puerta señaló - la cuidas demasiado, ni que fuera tu hija.
Fricka guardó silencio. El Tuerto la tomó del brazo y la miró fijo.
- Eres el último que podría decirme algo sobre eso.
- Habla mujer - espetó el Tuerto
- Sabes a qué vengo, ni hablarte debería.
- Esto es lo que ocurre cuando una Valkyria sirve a quien no debe. ¡Aprended, valkyrias! - exclamó volviéndose a las que estaban allí, y de paso señalando también a los guardias - Freyja o yo, nadie más debe guiarlas!
- Quedamos en que el bosque era libre, ¿Crees que no noté la ausencia de animales, de plantas comestibles, y que los vikingos están dando vueltas en círculo? ¡envías a Loki a perderla! ¡a Loki!
- Basta, mujer -
- A Loki, querido esposo mío... ¿Aún piensas que no sé de los hijos que compartes con él?
El Tuerto enfureció, pero se calmó instantáneamente. - Da igual, ya está perdida. Tres días inconsciente allí, y no será salvada por intervención de As o Van.
- Si tan seguro estás trae aquí a Loki, que deje de perder a los muchachos.
La mirada de Fricka llevaba una picardía inusual.
- Eso haré - respondió Odín, que no podia dejar se sonreir ante esa mirada. Miles de años llevaban juntos: sabía lo que significaba. Se levantó del asiento y caminó junto a ella. - El bosque vuelve a ser libre, si la encuentran veremos qué ocurre... no repararé en artilugios para que termine de irse de Midgard.
- Si ni As ni Van pueden salvarla, ni As ni Van pueden matarla. Loki cuenta como As, sólo valen acciones indirectas y nada de ultimar a sus conocidos.
- Hecho. - mientras abría la puerta señaló - la cuidas demasiado, ni que fuera tu hija.
Fricka guardó silencio. El Tuerto la tomó del brazo y la miró fijo.
- Eres el último que podría decirme algo sobre eso.
Nella Foresta di Verona II.c.
- Ya perdimos todos las apuestas, esto se va a poner difícil. -
- Tienes razón Bjorn, nos pasamos de tiempo ya
- Si en Islandia tardamos dos meses en sacarla, acá nos tomará un año.
Diez días habían pasado de la desaparición de Wal, una semana del comienzo de la búsqueda. Y nada, ni una huella. Cayó la noche en el bosque, noche de luna nueva, los vikingos encendieron una fogata para iluminar, dar algo de calor y de paso, cocinar unos conejos que habían cazado.
Brynjar preparaba todo en una cacerola, y Stian le acercó unas cuantas nueces. El primero separó algunas, dejándolas a un lado. Luego, de las otras, trituró dos o tres.
- Eran para rellenar y hacer más comida -
- Pero esas - señaló a las primeras que había separado - son muy amargas, ni comerías la carne del sabor que le dan y estas otras, se llaman nuez moscada. Se espolvorea un poco, no mucho porque producen alucinaciones y falta de equilibrio.
- Ja, se las guardo a Wal, seguro las usará bien en sus rituales.
- En Escandinavia no crece el árbol, y no sé cuánto se ciñe a sus recetas...
Olé escuchaba desde lejos, y paró la oreja al sentir esto último. - Quizás debiéramos buscar hierbas alucinógenas para encontrarla.
Los cuatro rompieron el frío viento con una larga carcajada. Siguieron hablando un rato más, durante la cena, y al cabo de un par de horas estaban todos durmiendo.
- Tienes razón Bjorn, nos pasamos de tiempo ya
- Si en Islandia tardamos dos meses en sacarla, acá nos tomará un año.
Diez días habían pasado de la desaparición de Wal, una semana del comienzo de la búsqueda. Y nada, ni una huella. Cayó la noche en el bosque, noche de luna nueva, los vikingos encendieron una fogata para iluminar, dar algo de calor y de paso, cocinar unos conejos que habían cazado.
Brynjar preparaba todo en una cacerola, y Stian le acercó unas cuantas nueces. El primero separó algunas, dejándolas a un lado. Luego, de las otras, trituró dos o tres.
- Eran para rellenar y hacer más comida -
- Pero esas - señaló a las primeras que había separado - son muy amargas, ni comerías la carne del sabor que le dan y estas otras, se llaman nuez moscada. Se espolvorea un poco, no mucho porque producen alucinaciones y falta de equilibrio.
- Ja, se las guardo a Wal, seguro las usará bien en sus rituales.
- En Escandinavia no crece el árbol, y no sé cuánto se ciñe a sus recetas...
Olé escuchaba desde lejos, y paró la oreja al sentir esto último. - Quizás debiéramos buscar hierbas alucinógenas para encontrarla.
Los cuatro rompieron el frío viento con una larga carcajada. Siguieron hablando un rato más, durante la cena, y al cabo de un par de horas estaban todos durmiendo.
Nella Foresta di Verona II.b.
- Tengo hambre Tengo hambre Tengo hambre Tengo hambre Tengo hambre Tengo hambre y Tengo hambre -
Los árboles no respondieron, pero la queja sirvió para que un conejo huyera asustado. La rubia se llevó la mano a la frente, consciente de que escapaba su comida. Intentó levantarse, pero hacía una semana que comía sólo bayas y eso no era alimento. Se quitó la armadura, dejó sobre ella la pesada espada, y bajó al bosque apenas con su daga. "Algo cazaré" se repetía.
Bayas, sólo bayas. Y varias nueces, que iba abriendo y comiendo en el camino. - No puede ser que no haya ni un nido, de hecho ni un pájaro he visto estos días... claro, en otoño se me ocurre acampar ¡habrase visto! ¡Conejiitooooo! - en eso estaba cuando sintió un ruido en un árbol. Miró para arriba, y había un nido. Sin dificultad trepó, el árbol era alto y por primera vez en su vida se mareó al mirar para abajo. - Epa - dijo y comenzó a andar con más cuidado. Llegó a la rama del nido, tan estratégicamente ubicado en el extremo donde se hacía poco gruesa. ¿Se entiende a dónde vamos, no?
- Un último esfuercito Wal - se dijo, se estiró y sin llegar a tocar el nido, logró que la rama se doblara y quebrara por su peso, cayendo y golpeándose con todas las ramas del árbol (sí, hasta las del otro lado). La narradora no sabe de dónde salió la roca con la cual golpeó su cabeza: no recuerda que estuviera ahí cuando Wal comenzó a trepar, pero ahí estaba cuando bajó. Un golpazo.
Los árboles no respondieron, pero la queja sirvió para que un conejo huyera asustado. La rubia se llevó la mano a la frente, consciente de que escapaba su comida. Intentó levantarse, pero hacía una semana que comía sólo bayas y eso no era alimento. Se quitó la armadura, dejó sobre ella la pesada espada, y bajó al bosque apenas con su daga. "Algo cazaré" se repetía.
Bayas, sólo bayas. Y varias nueces, que iba abriendo y comiendo en el camino. - No puede ser que no haya ni un nido, de hecho ni un pájaro he visto estos días... claro, en otoño se me ocurre acampar ¡habrase visto! ¡Conejiitooooo! - en eso estaba cuando sintió un ruido en un árbol. Miró para arriba, y había un nido. Sin dificultad trepó, el árbol era alto y por primera vez en su vida se mareó al mirar para abajo. - Epa - dijo y comenzó a andar con más cuidado. Llegó a la rama del nido, tan estratégicamente ubicado en el extremo donde se hacía poco gruesa. ¿Se entiende a dónde vamos, no?
- Un último esfuercito Wal - se dijo, se estiró y sin llegar a tocar el nido, logró que la rama se doblara y quebrara por su peso, cayendo y golpeándose con todas las ramas del árbol (sí, hasta las del otro lado). La narradora no sabe de dónde salió la roca con la cual golpeó su cabeza: no recuerda que estuviera ahí cuando Wal comenzó a trepar, pero ahí estaba cuando bajó. Un golpazo.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Nella foresta de Verona III.
- ¿A cuanta gente maté, Stian? - el hombre no respondió - bueno, si no lo se yo, menos lo sabrás vos...
- desde que estás en continente, sin contar Escandinavia, sólo uno.
- El sirviente de Jean. El día que se entere... - Todos en silencio mirando a Wal, ella al suelo. - No quiero seguir así.
- ¿Así cómo?
- No sé, así. Me gustaría olvidarlo todo y volver a empezar.
- No puedes...
- Ya renuncié a la Orden
- No puedes renegar de tu nombre y tu historia.
- Puedo ocultarlos, si voy a un sitio donde me conocen sólo por una cosa.
Los cuatro vikingos se miraron. - No pensarás alejarte de nosotros.
- Podemos encajar en su mondo, nos...
- Olé y Stian hablan algo de italiano, Bjorn y yo podemos ser tus silenciosos escoltas.
- Rasuraremos nuestra barba y nos cortaremos el cabello para parecer italianos.
- Iremos con vos. Consigue la ropa, nosotros nos ocuparemos del resto.
Wal sonrió y se mordió el labio inferior, los cuatro brindarn por esa sonrisa que una semana les había costado arrancar.
- Ven, vamos a Verona. Sobre la Orden... - añadió Stian - termina de hacer lo que estabas haciendo, no sabes qué puedes encontrarte cuando llegues a la ciudad. Si culmina que sea al pisar la Hispania, no antes. Luego... - levantando su bota con hidromiel - ¡Por la nueva vida!
-
- desde que estás en continente, sin contar Escandinavia, sólo uno.
- El sirviente de Jean. El día que se entere... - Todos en silencio mirando a Wal, ella al suelo. - No quiero seguir así.
- ¿Así cómo?
- No sé, así. Me gustaría olvidarlo todo y volver a empezar.
- No puedes...
- Ya renuncié a la Orden
- No puedes renegar de tu nombre y tu historia.
- Puedo ocultarlos, si voy a un sitio donde me conocen sólo por una cosa.
Los cuatro vikingos se miraron. - No pensarás alejarte de nosotros.
- Podemos encajar en su mondo, nos...
- Olé y Stian hablan algo de italiano, Bjorn y yo podemos ser tus silenciosos escoltas.
- Rasuraremos nuestra barba y nos cortaremos el cabello para parecer italianos.
- Iremos con vos. Consigue la ropa, nosotros nos ocuparemos del resto.
Wal sonrió y se mordió el labio inferior, los cuatro brindarn por esa sonrisa que una semana les había costado arrancar.
- Ven, vamos a Verona. Sobre la Orden... - añadió Stian - termina de hacer lo que estabas haciendo, no sabes qué puedes encontrarte cuando llegues a la ciudad. Si culmina que sea al pisar la Hispania, no antes. Luego... - levantando su bota con hidromiel - ¡Por la nueva vida!
-
Nella foresta di Verona II.a
Wal salió corriendo y se perdió en el bosque cercano a Verona. Fricka permaneció allí y atajó al cuervo, que amagó seguir a la valkyria.
- Hasta aquí llegas, déjala en paz.- la mujer sabía que Odín se las apañaría para encontrar a la rubia, pero también que la otra tendría tiempo para restablecer su voluntad, sea cual fuera ésta. "Esperarás mi señal" susurró y se desvaneció en la niebla.
Mientras tanto, la valkyria se cansó de correr y se detuvo, doblada del agotamiento, las manos sobre las rodillas. Se sentó junto a un árbol mientras recuperaba la respiración y notó que la noche se cernía sobre ella. Descuidada, se recostó a la intemperie, sin reparar en las nubes que ocultaban a las estrellas.
La lluvia la despertó pasada la medianoche, empapándola con su aparición tormentosa, obligando a la muchacha a refugiarse en el hueco del tronco de un árbol. No pudo dormir el resto de la noche, "mañana buscaré mejor refugio" pensaba tiritando del frío. El amanecer se tardaba, y para dejar pasar el tiempo se entretuvo canturreando alguna canción. El sol disipó la tormenta con sus primeros rayos, obligando también a la valkyria a rendirse ante el sueño.
Un pinchazo la despertó a media mañana, de mala gana dejó el refugio: lleno de bichos se encontraba. Con la ropa húmeda, sucia, hambrienta y con frío se puso a buscar otro lugar. Su cuerpo dio vueltas sin encontrar nada, mientras algunas bayas hicieron de desayuno, almuerzo y cena. Su cabeza, lo mismo. Cayó la noche y de regalo, otra tormenta. Wal amagó buscar aquel primer refugio, pero su orgullo interior le dijo que no, que otra vez ahí no. Algo mejor.
- A ver, Waltraute - se dijo - empecemos por el principio. Necesitamos un lugar para pasar esta noche.
La imagen era hasta graciosa, una mujer hablando sola en la penumbra del bosque, en medio de una tormenta.
- Lo primero sería saber dónde estamos.
Trepó un árbol y los relámpagos le descubrieron el contorno de un monte cercano. "Quizás..." pensó, y salió rauda en esa dirección. Contar las veces que tropezó hasta llegar al pie del monte sería aburrido y repetitivo, así que ni me molestaré en hacerlo. A lo sumo mencionaré que magullones no le faltaron a su cuerpo la mañana siguiente.
Tanteando en la oscuridad encontró una saliente rocosa. Apenas unos metros, no llegaba a ser una cueva, pero era lo suficiente para estar en un sitio seco y protegido del viento. Había escalado bastante y encontró desde allí una lejana vista de Verona. No durmió hasta que se apagó la última luz en aquella ciudad.
......................
Olé, Stian, Brynjar y Bjorn, sentados a cada lado de una pequeña mesa, observaron en silencio cómo se extinguía la llama de la vela.
- A primera hora salimos a buscarla - dijo uno en voz alta lo que todos estaban pensando.
- Hasta aquí llegas, déjala en paz.- la mujer sabía que Odín se las apañaría para encontrar a la rubia, pero también que la otra tendría tiempo para restablecer su voluntad, sea cual fuera ésta. "Esperarás mi señal" susurró y se desvaneció en la niebla.
Mientras tanto, la valkyria se cansó de correr y se detuvo, doblada del agotamiento, las manos sobre las rodillas. Se sentó junto a un árbol mientras recuperaba la respiración y notó que la noche se cernía sobre ella. Descuidada, se recostó a la intemperie, sin reparar en las nubes que ocultaban a las estrellas.
La lluvia la despertó pasada la medianoche, empapándola con su aparición tormentosa, obligando a la muchacha a refugiarse en el hueco del tronco de un árbol. No pudo dormir el resto de la noche, "mañana buscaré mejor refugio" pensaba tiritando del frío. El amanecer se tardaba, y para dejar pasar el tiempo se entretuvo canturreando alguna canción. El sol disipó la tormenta con sus primeros rayos, obligando también a la valkyria a rendirse ante el sueño.
Un pinchazo la despertó a media mañana, de mala gana dejó el refugio: lleno de bichos se encontraba. Con la ropa húmeda, sucia, hambrienta y con frío se puso a buscar otro lugar. Su cuerpo dio vueltas sin encontrar nada, mientras algunas bayas hicieron de desayuno, almuerzo y cena. Su cabeza, lo mismo. Cayó la noche y de regalo, otra tormenta. Wal amagó buscar aquel primer refugio, pero su orgullo interior le dijo que no, que otra vez ahí no. Algo mejor.
- A ver, Waltraute - se dijo - empecemos por el principio. Necesitamos un lugar para pasar esta noche.
La imagen era hasta graciosa, una mujer hablando sola en la penumbra del bosque, en medio de una tormenta.
- Lo primero sería saber dónde estamos.
Trepó un árbol y los relámpagos le descubrieron el contorno de un monte cercano. "Quizás..." pensó, y salió rauda en esa dirección. Contar las veces que tropezó hasta llegar al pie del monte sería aburrido y repetitivo, así que ni me molestaré en hacerlo. A lo sumo mencionaré que magullones no le faltaron a su cuerpo la mañana siguiente.
Tanteando en la oscuridad encontró una saliente rocosa. Apenas unos metros, no llegaba a ser una cueva, pero era lo suficiente para estar en un sitio seco y protegido del viento. Había escalado bastante y encontró desde allí una lejana vista de Verona. No durmió hasta que se apagó la última luz en aquella ciudad.
......................
Olé, Stian, Brynjar y Bjorn, sentados a cada lado de una pequeña mesa, observaron en silencio cómo se extinguía la llama de la vela.
- A primera hora salimos a buscarla - dijo uno en voz alta lo que todos estaban pensando.
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