viernes, 27 de enero de 2012

Silvi, Provinzia degli Abruzzi

Los trabajadores del puerto vociferaban, entonando alguna canción, mientras el drakkar amarraba en Silvi. El viaje había terminado sin más inconvenientes, y hasta tuvieron la suerte de llegar a puerto antes del cierre del despacho de aduanas: podrían desembarcar esa misma noche.

- Nosotros amarramos hoy, así que ganamos la apuesta - afirmaba serio Gerucho, mientras ataba con fuerza una cuerda. Tenaz había sido en su bautizo como tripulante, sin dudas sería bien recomendado para ese puesto.

Unas decenas de minutos más tarde, la rubia había terminado el papeleo, y mientras los demás buscaban sitio donde dormir, ella salió a recorrer tabernas. Era muy tarde, pero a esas horas solía estar Lazarus tomando algo. O al menos eso hacía cuando vivía en Verona... No tuvo suerte Wal esa noche, no halló al peculiar caballero, y terminó en la posada indicada por el resto, vencida durmiendo sobre la cama sin desarmar.

miércoles, 25 de enero de 2012

Fwd: La persecución

Stian estaba en el carajo (yeah) y señaló hacia el Este-Sudeste. La rubia tomó el catalejo y distinguió la silueta de un barco junto a la costa. Parecía escondido en una pequeña bahía.

Fue al Puente de mando con Gerucho, señalaron la posición del Drakkar en la carta de navegación: por la costa y la distancia, aquella embarcación estaba muy cercana al estrecho que debían cruzar de madrugada.

- Esperemos ellos no nos hayan visto - comentó Wal, a quien cualquier avistaje de embarcación la retrotraía a aquel desafortunado ataque vikingo frente a Isenstein - el que la dejara viuda. Llamó a todos a cubierta, y dijo:

- Hoy no dormiremos, quiero a todos sobre cubierta y armados, pero remando.  Arriaremos las velas para dificultarles el vernos... - El atardecer recortándose tras el drakkar hacía más evidente su presencia, pero al ser algo más bajo que los navíos normales podía esconderse un poco más en el horizonte.
El velo nocturno se impuso, y la luna creciente se reflejó en la bahía de la misteriosa galea. Galea quieta, quizás adormecida... No! A cuatro horas se encontraban cuando con el catalejo creyó ver algo de movimiento en aquel barco. Los habían visto, y desplegaban las velas. Wal dio la orden de hacer lo mismo, y el viento llenó con más soltura las telas rayadas vikingas que aquellas desconocidas.

Al mantenerse alejados para evitar el ataque, habían quedado en mala posición para adentrarse en el estrecho, tuvieron que acercarse algo más y sintieron una bala de cañón hundirse a pocos nudos de babor. Desde lejos y con poca precisión los atacaban.

- Atense a sus posiciones! Gritó y sosteniendo con firmeza el timón, viró tres veces moviendo al barco en zig-zag. La cubierta toda mojada, pero el barco entero, valían cualquier chapuzón. Enderezó el barco al SE y desplegó el mapa. El viento empezaba a cambiar, sabía que lo haría después del amanecer: tomó entonces la decisión de no alejarse de la costa y aprovechar cada centímetro a su favor.

El viento respondió, y cambió de dirección a poco del paso del Drakkar, impidiendo el movimiento del otro navío. A punto estuvieron de ser hundidos, y a medida que transcurría el día vieron desaparecer a la otra nave.

Aún con la adrenalina en todo su cuerpo, la rubia se mantuvo en el timón todo el día, mientras los demás aprovechaban lo calmo de navegar en soledad para descansar.
Mala elección la de la capitana, quien al anochecher divisó otro barco.

Cerraba los ojos por parpadear y sus fuerzas flaqueaban, y sentía que no podía volver a abrirlos. De la sombra se distinguieron dos naves, una fija y un barco gigante que comenzó a perseguirlos. Bandera francesa llevaba, y el cañón era el precio por adentrarse en aquel estrecho. Otros barquitos huían, pero aquel monstruo parecía haberse fijado en el pequeño drakkar.
La voz de Gerucho, diciéndole que vayan al sur, que se alejen porque estaban encerrándolos la despertó del trance. Para cuando entendió el mensaje era tarde, estaban a tiro de cañón, así que aprovechando la oscuridad y repitiendo la orden del día anterior, arriaron las velas y se pusieron a remar. Más cerca estaban, la luz de la luna reveló que eran dos naves. Un barco avanzó mientras el otro se mantenía quieto, probablemente anclado.
La oscuridad y la velocidad con la cual se encontraron no dejaron a ninguno ver las señas, el nombre del navío. El capitán o capitana les saludó y respondieron el saludo. Y el segundo navío jamás se desplazó, tampoco pudiero leer su nombre en el casco.

El día trancurrió tranquilo, calculando a cada momento la posición para no encallar. Al fin llegaron al talón de la península, dieron la vuelta. Los siguientes días la rubia tampoco durmió, que para hacer mas rápido y ganar la apuesta tenían que alejarse bastante de la costa. Ya descansaría en Silvi.

Il giro, alla rovescia

...o volviendo sobre los propios pasos.

Llegó a Terracina por la mañana y sacudió a Gerucho, Elvira y Merésimo para Adespertarlos y que embarquen temprano. Eso mismo hizo ella. La tasa de amarre estaba paga del segundo día, así que sin dejar al cielo amanecer, embarcó. Preparó la cantina, las velas, revisó las sogas, los escudos laterales. Todo en orden. Se encerró en el puente de mando, y durmió un rato. Salir a tabernear a la ciudad vecina el día anterior a embarcar no se lo permitía a los tripulantes... Pero haz lo que digo, no lo que hago.

Despertó a mediodía y ya estaban todos. Golpeó donde dormía Elvira para que ayude a quitar las amarras y levar el ancla, pero al demorarse lo hizo sin su ayuda. Luego le dejó una llave del puente de mando y las instrucciones para el viaje.

Ya para la noche, a la rubia le empezó a preocupar la ausencia de la morena. Estaría aún enfurruñada por la paliza propinada días atrás? O de larga resaca? Donde estaba el Bardo?
Ciertamente sin tripulante mover el drakkar costaba el doble, el martes lo sintió en cada músculo de su cuerpo, y si Elvira no respondía al día siguiente ocurriría lo mismo.

La noche del martes, Wal dejó el barco navegando al sudeste y fue al Ponte di Bifrost a tomar algo. Las pisadas revelaban que alguien entraba y salía de éste: Gerucho, quien al ingresar suspiró de alivio como ella.

- Estás pálido - notó Wal - te ocurre algo?

- Me encuentro algo débil, no he comido bien y... Tampoco me queda mucho en la bolsa.

La rubia se sobresaltó, pues tenían mas de una semana de viaje. El muchacho tampoco tenía mucho dinero.

- Espera - le dijo. Fue al puente de mando, donde tenía sus bártulos, y volvió a la taberna. En bifrost había bastante maíz, pero sin dinero difícil tenía la compra, así que la rubia dejó tres panes sobre la barra, con tanta mala suerte que Patronio los vió antes que Gerucho y los guardó en la bodega.

- P-pero no eran para la taberna

- Tarde piaste - respondió el hombre.

La rubia se volvió hacia donde Stian y Bjorn brindaban riendo, y los fulminó de una mirada. - Ven, Geru - dijo, tomando al muchacho del brazo. Salieron al pasillo hasta el puente de mando, donde Geru fue capitán un rato. Tomaron parte del dinero que había en un cajón, lo suficiente como para que él pudiera alimentarse bien todos los días, y él se dispuso a ser tripulante del drakkar.

Gaeta, primero de año.

La respuesta de la rubia no se había hecho esperar: es cuestión de ir a la taberna, dijo, y ella misma llegará. Y así fue, por la noche Waltraute paseó por la calle de las tabernas hasta encontrar a Myrna dentro de una: la locanda no tenía las mejores señas, pero era buen refugio para practicar el spagnolo. Porque recién ahora los nuevos pasajeros del Drakkar podrían comprender la felicidad con la cual estaba escrita la sentencia en la pizarra del Ponte di Bifrost. Era una libertad poder hablar tu propio idioma -clara salvedad del origen islándico de varios rojicorvinos-. Nada tardó en aparecer Colombina. El recibimiento fue raro, siendo diez veces más efusiva con la lechuza que con la de trenzas. Pero las Nornas hilaban así, y considerando lo poco efusiva que solía ser Wal... No era raro. Y la rubia las dejó hablar, porque intuía la temprana marcha de Myrna, intuición que no falló. - Como estás? preguntó una. Se intercalaron voces relatando el viaje desde Caspe, los días en Génova, con otras comentando que estaba esperando a un caballero allí, que andaba de conventos, y que hacía rato tendría que estar por Siena, junto a Nadir y Ruy.
Ya entrada la noche, luego de dar alguna vuelta sobre el tema, y casi realizando un pacto, no volverían a hablar del hermano de Wal. Era un tema olvidado, ya no importaba. Nornas cerrando hilados: la paloma era libre de volar donde quisiera, el otro también. Y hablando de cosas así, la rubia le confirmó que había terminado con Nicolás. - No sabía ni que hubieras empezado, respondió Colombina. En realidad eres la primera en saber algo... Habiendo coincidido en el palacio de embajadas aragonés, cuando él todavía gobernaba allí, en la coronación de Elena, en el recibimiento a la propia Wal en Castilla, la rubia había desarrollado un inexplicable aprecio por aquel hombre de finos modales pero de malas ideas. Quizás parte del problema había sido que apenas comentó en una cena con sus hermanos sobre aquel, le prohibieron el contacto. Mala yunta. Nada mas atractivo que llevar la contra a los mayores. Y las Nornas entrelazaron sus hilos, pero los desunieron sin dar explicaciones. Llenaron a la rubia de tareas, y aquel otro quedó en un último plano. Y ahora que los rumores de matrimonio de éste fueron confirmados de su puño y letra, la de Isenstein pensaba prolongar la estancia en Verona todo lo que fuera necesario Como parecía estar escrito, Colombina era de la zona italiana, y siempre irían a verla, donde fuera que estuviese. Y en aquel lugar, Waltraute se sentía libre, allí donde nadie entendía el idioma, donde nadie sabía quienes  eran los actores de la obra.