sábado, 30 de octubre de 2010

Nella foresta di Verona

La menor de los hijos de Skallagrim recorrió el trayecto de memoria. Nunca hubiera querido volver tan rápido a esa zona, a Verona, pero allí estaba: frente a la piedra rúnica, la roca de la valkyria. El claro nella foresta aparecía ahora... habitado. Reparó con desazón en una tienda que se recortaba cerca de la arboleda, mas de allí surgió una voz amigable:

- Ven aquí - indicó Fricka. Wal se sentó junto a ella, y Hugin no se hizo esperar: el Tuerto, como siempre, vigilante.



La Asinia tomó las runas de Wal, para comentarle: "No necesito tirarlas para saber qué dirán."
- ¿Alguna vez oiste una leyenda de los ases intentando equilibrar gigantes y enanos?
La rubia negó con la cabeza.

- Porque no existe, y si nosotros ni lo intentamos, ¿por qué buscas lo imposible? ¿Te suena la frase "no uniré lo que las Nornas han hilado separado?

Wal asintió.

- ¿Entonces por qué te empeñas en unirlo? ¿O esa filosofía va sólo cuando te conviene? ¿Recuerdas por qué fuiste desterrada de Valhalla una vez? ¿Te gustaría volv--

- No - susurró en respuesta.

- ¿Susurras? Esperaba una voz firme, clara. - la diosa lo pensó bien - Huye.

Wal la miró incrédula. -¿Huir?

- No vuelvas hasta... no vuelvas hasta que te busque. ¡Ve! ¡Corre!

Y allí se fue, hacia las montañas, sin mas abrigo que su armadura pero bien armada.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¡No olvidar! ¡Vencimos!

Madrugada del Octubre 15, 1458. Narbonne. Condado de Languedoc.

- ¿¿Esta fecha no significa nada para vos?? - despertó escuchando Wal, y cayó de la cama huyendo de la sombra que se abalanzaba sobre ella. La rubia aún no terminaba de despertar, los ojos hinchados de planear rutas en cartas navales, la vela aún humeaba, señal de que poco había dormido. La sombra la tomó del cuello y la lanzó contra una pared: el ruido despertó a varios en la posada. - ¿¿Tanto me hiciste renegar para ésto?? - exclamó, levantándola del suelo para lanzarla de nuevo por los aires.

- Steel, espera - atinó a reclamar Wal. La sombra la dejó caer. Sí, era Él. - Vuelve con tus guerreros, retorna al Alto Midgard.

- No me iré hasta que me digas qué fecha es hoy. - la mampostería temblaba con cada palabra del hombre. Con el rabillo del ojo la rubia intentó leer un almanaque. Jueves 14, Viernes 15... 15. ¡15!

- ¡Ragnarok! - exclamó ahora ella, mientras Steel volteaba los ojos (debajo del casco, pero aunque nunca nadie había visto su rostro, el gesto se notaba a leguas de distancia).

- ¿Qué harás?

- No sé, algo en el camino a Bèziers.

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Atardecer del mismo día.

Cinco eran las personas que viajaban a Montpellier: Wal la primera, a un lado Ruy y Nad, del otro Elvira y un tal Phileo, pasajero del Drakkar. Ya se veía la muralla de Bèziers al final del camino.

-Vamos a aquel claro. - indicó primero, en pocos minutos llegaron. - Esperen aquí - dijo después - Ruy, prepara un buen fuego. Elvira, hidromiel en mi bolsa. Nad, ven conmigo.

Las dos valquirias se escabulleron entre el follaje, volviendo un largo rato después, corriendo agitadas, arrastrando un bulto. - ¡Rápido, las espadas! - gritaron, y los cuatro rossocorvinos, vestidos con sus ropas de la Orden, se abalanzaron sobre el animal -

- ¡Yo vencí en el Ragnarok y fui a Valhalla! - gritaron al unísono y clavaron sus espadas en lo que alguna vez fue un cerdo. - ¡Así se vence! ¡A Valhalla!
Entre risas, prepararon todo tipo de cortes de cerdo al hidromiel, y el buen Phileo fue testigo involuntario del festejo del fin del Ragnarok, y el comienzo del mes de la Cacería de las Reses.

Sueños de Espadas

Todos dormían en el Drakkar, anclado en las afueras de Montpellier, esperando que el capoporto despertara de su largo sueño y les apruebe el amarre. Todos menos ella. Recostada en su cama, la Capitana se había ido a dormir cansada, contenta su alma por el trabajo cumplido. ¡Y casi en fecha! ¡Por fin todos juntos! Pero no. Fue ponerse el camisón para conseguir desvelarse. La noche, encima, era calma, de luna llena, y en la ciudad no había nadie despierto. Las cantinas del puerto vacías, cerradas. Apenas se sentían las olas al mecer suavemente al barco. Y ni aún así podía dormir.

Cerró los ojos, se cruzó de brazos, y comenzó a escuchar el ruido de un martillo golpeando un cincel. Hierro fundido, Verona. Se vió a ella misma en su taller, lágrimas en los ojos, los labios cerrados con fuerza para ocultar la amargura. Cerró los ojos allí, en el taller, y se vió en su habitación, curando las heridas de Brynhilde. Llanto. Ojos enrojecidos, y un recuerdo de la infancia.

"....

>> Völsung era el hijo del rey Reir, el hijo de Sigi, hijo de Odín. Völsung estuvo durante siete años en el vientre de su madre, y se decía que o el joven besaba a su madre o moriría. Völsung tenía una hija llamada Sgny, que estaba casada con Siggeir, rey de Gothland.

Tarja se detuvo para limpiar la cara a Wal, que como siempre se había ensuciado con tierra. Brynhilde se cruzó de brazos, enojada: la Saga de Völsung era su favorita, pero con la pequeña interrumpiendo perdía la gracia.

- Ven, Brynh, hazle unas trenzas mientras sigo la historia, manténla quieta - indicó la madre.

>> Durante la celebración del matrimonio en la casa Völsunga y mientras el pueblo estaba sentado alrededor del fuego, entró un anciano envuelto en una capa, clavó una espada en un tronco de madera hasta la empuñadura, prediciendo grandes cosas del héroe que fuera capaz de sacarla de allí e inmediatamente desapareció

- Era Odín - afirmó Brynh, alegre por saber la respuesta -y la espada...

- Era la espada Gram - continuó Tarja - muchos probaron sacarla, pero solo Sigmund, hijo de Völsung, pudo hacerlo. <<

- Gram - repitió Wal, aunque quizás era una morisqueta con sonido ¡no sería esa su primer palabra!

- Nothung - agregó la mayor, y su madre asintió.

..."

Wal abrió los ojos, enrojecidos, y siguió curando al cuerpo inerte de Brynhilde. Nothung yacía allí, a su lado, un herrero avezado notaría la aflicción en su templado acero. De nuevo abrió los ojos, en el taller. Arrojó agua fría en el molde, y con presteza talló las runas.

Se incorporó sobre su cama para buscar debajo de ella. Tomó una funda de cuero y piel y salió a cubierta. El Drakkar quieto, las aguas calmas; la luna llena gigante sobre el horizonte. Soltó las cuerdas y el acero por vez primera vió el cielo y apuntó a Luna.

- Gram - repitió Wal, pero no era esta vez una morisqueta. Enfundó la espada, y al fin pudo dormir.

Bitácora de la Capitana.

La cubierta del Drakkar estaba apenas húmeda por la llovizna que había despertado al día. La capitana salió del puente de mando, paraverdelejos en mano, esperando cruzarse a alguno de los pasajeros, pero no: desde que Elvira había hurtado las llaves de la bodega, no se había vuelto a ver gente por la región.

Avistó por primera vez las costas francesas, calculó intensidad de los vientos, y la posición con... no sé como, porque la única estrella ahí era el Sol, pero calculó la posición del barco con exactitud. Luego retornó al Puente de Mando.


Citazione:

--extracto de la bitácora--

2-IX-1458.

Tiempo: nubes frecuentes, llovizna constante. Sol de a ratos.

Vientos: en zona costera dominan los vientos con dirección SE. Adentrándose en la mar, dirección E. Intensidad 1 de la escala de Archibald.

Comentarios.
Avistamiento primero de la costa francesa, de rumbo NE-SW. Los vientos parecen bajar de las montañas cercanas, traen nubes cargadas de agua fría, que contrasta con la calidez del Mar.
Los vientos cerca de tierra son débiles, espero no tener inconvenientes para guiar al Drakkar. Detesto navegar cerca de tierra, y detesto navegar con vientos suaves. El Drakkar "genovés" se mueve mejor con 2/4, inclusive para ir con viento casi en contra.
Hay muchas olas, y casi ni se siente la variación en las mareas. Cuando hayamos amarrado bajaré para ver cómo se ve desde tierra, pero la influencia mareal es escasa.

He observado largamente la desembocadura del Rhone, y me ha llamado la atención aquella del Rhone menor. Antes que nada, tienen playas. Y hay barras de playas o algo por el estilo por detrás de la "frontal". Se ve una diferencia entre la vegetación de las barras y de la tierra que hay entre esas barras.
El Po tiene una desembocadura diferente, casi podría afirmar que "ingresa" en el Adriático con fuerza. El Rhone no. Al mismo tiempo, esa zona del Adriático se destaca por su escaso oleaje. Me pregunto si tendrá algo que ver.

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miércoles, 20 de octubre de 2010

Perfección injusta.

Si me preguntan donde estoy, responderé en la cubierta del Drakkar, la nave insignia de mi Orden, Mi barco. Veo las olas repicar suavemente a babor y estribor, mientras mi cabeza da vueltas en una idea, y mi dualidad deja a mi mente inmersa en un combate eterno. Sé que soy, como mínimo, dos personas. Una amable e ingenua, la otra... dejémosla en pícara y conspiranoica. Mi problema surge cuando no sé responder a algo, debido a que la segunda parece tener razón.

Quizás sea un error tremendo escribir estas palabras, porque si alguien llegara a leerlo (si es que alguien lee esto) y fuera la persona equivocada (¿hay personas correctas?) podría generarse algo complicado. ¿Hay personas correctas? me repregunto. No, porque sino lo publicaría en el Jardín. Si lo hago acá es porque sé que nadie me presta atención.

Podría luego disertar sobre la falsedad o veracidad de mi hipótesis. Esta hipótesis es casi teoría, y es a mis ojos sencillamente perfecta. El problema es que si es todo falso, estaré cometiendo una terrible injusticia para con mis conocidos. Si en cambio es verdad, tampoco sé qué estaría probando con esto.

Llegó a mis manos, cruel paloma mensajera, una propuesta que verifica mi hipótesis. Sabemos que la vida es un tejido multidimensional, donde los hilos que tejen las Nornas viven cruzándose, y el hecho de que sea mi hermana, casi más la única persona a la cual no puedo negarme, quien hace la proposición es como mínimo llamativo. Y me duele, claro, y es lo que me causa esta sensación y esta tormenta interna: era el movimiento necesario para frenarme, y si todo es cierto, entonces soy transparente y me conocen de sobra, y no dejaré de ver oscuridad a mi alrededor que no está causada por la luna llena en el Mar de Liguria, sino por todo.

La próxima vez, si es que la hay, que alguien le comente que quiere ofrecerme algo, y usted piense que no lo merezco, u otro lo merece más, por favor no me hable de ello. Más si es el interlocutor elegido por aquel dador. Ojos que no ven, corazón que no siente.

¡No quiero sentir más! No seguiré escribiendo, y esto... a aquella botella vacía y al mar.