domingo, 2 de septiembre de 2007

Capitulo II. Valhalla.
La niebla se disipó y entramos en Asgard. Nos encaminamos al palacio de Valhalla, donde las valquirias dejaron los cuerpos de los guerreros caídos en batalla que traían. De allí, a los establos. Yo me movía en silencio, siempre detrás de ellas e imitándolas. Entramos al establo, cada una dejó su corcel en su sitio, y quedó uno libre, al fondo, donde yo dejé al mío. El heno abundaba, así que seguramente hambre no pasarían, lo que no había era rastros del origen de éste, o de rastrillos o alguna herramienta. Bajé del caballo, tomé mi espada y escudo y salí al pasillo. Había quedado sólo una de las valquirias, que se acercó y se presentó. - Bienvenida a Valhalla, Waltraute... yo soy Brunhilda, hija de Odín, y líder de las valquirias... Atiné a intentar una reverencia como saludo, pero me detuvo. - Esas formalidades para después... ven, acompáñame.- Me hizo una seña y la seguí. Del establo, ubicado detrás del palacio, salía un sendero de piedras que se dirigía hacia una construcción circular, formada por varios arcos dispuestos en forma concéntrica. En el interior, una especie de altar con forma de mesa, donde brillaban bajo el resplandor del sol armas y armaduras. Las otras siete valquirias se encontraban allí, rodeando el altar. Brunhilda se ubicó en su lugar, para presidir la ceremonia, y yo enfrente de ella. Levantó una copa y mientras la llenaba de aguamiel recitó unas palabras. bebió parte del contenido y le pasó la copa a la doncella que se encontraba a su derecha. Esta también probó unos sorbos, y antes de entregarsela a aquella que se encontraba enfrente, volvió a servir aguamiel. Así, todas. La función de la valquiria en los rituales suele ser la de ocuparse de que el cuenco donde se bebe nunca se vacíe. Así, también, son las que reparten el alimento a los Einherjars durante la cena. Los guerreros deben, justamente, encontrarse satisfechos y bien alimentados, así combatirán el Ragnarock con todas sus fuerzas. La copa llegó a mis manos, y como una más bebí unos sorbos. Luego la dejé sobre la cabecera opuesta a aquella donde estaba Brunhilda, quien levantó una cesta con manzanas doradas y las repartió entre todas. Estas manzanas conceden la inmortalidad, y son cultivadas por la diosa Idunn.
Terminada la ceremonia de iniciación, se presentaron las siete valquirias. Eran todas princesas o doncellas de Germania, sus nombres Helmwige, Gerhilde, Ortlinde, Siegrune, Grimgerde, Schwertleite y Rossweisse, además de Brunhilda. Tomé mis nuevas armas, y todas nos dirigimos al palacio. Durante las siguientes dos o tres semanas mi vida se volvió algo rutinaria: me levantaba bien temprano, después del desayuno derecho a la biblioteca. Almuerzo, y práctica de armas con las otras valkyrias. Al atardecer podía volver a la biblioteca o, a veces, solía incluirme en las batallas entre Einherjars, aprendiendo aún más técnicas de combate con la simple interacción con estos grandes guerreros. En valhalla los Einherjars batallan en torneos todo el día, y aunque pudieran morir en ellos, siempre reviven para la cena.
Durante las tardes también solíamos juntarnos para conversar, mcuhas veces Brunhilda venía con noticias de Midgard: los mayoes combates entre Asatru estaban migrando hacia las tierras del Norte, hacia Escandinavia, porque en el continente las tribus estaban ocupadas defendiendose de los invasores romanos. Pronto comenzarían a buscar nuevas doncellas, escandinavas éstas, para aprovechar los conocimientos de la geografía y lenguas de sus tierras de origen.
Después de elegir a los caídos que tuvieran mérito suficiente para entrar en Valhalla, nos reuníamos en la cima de un peñasco, conocido como "La Roca de la Valquiria". Allí nos encontrábamos una tarde, después de cierta cruel batalla. La ira que había entre los héroes muertos que cargábamos se traducia como peleas entre nuestros caballos, y teníamos que mantenerlos alejdos entre sí para no armar tremendo espectáculo. Eramos ocho, Brunhilda se estaba tardando demasiado y a Odín no le agradaba vernos llegar sin ella. A lo lejos, cabalgando agitadamente, y llevando un bulto de no gran tamaño, la vimos acercarse:
Rossweisse: Si estamos todas reunidas, ya podemos empezar. Iremos hasta Valhalla para llevar a Wotan sus guerreros.
Helmwige: Sólo somos ocho; todavía falta una.
Gerhilde: Brünnhilde todavía debe estar coqueteando con ese moreno de Wälsung.
Waltraute: Nuestra obligación es esperarla. El Padre de las Batallas no nos daría una buena bienvenida si nos viera llegar sin ella.
Siegrune (señalando a lo lejos): ¡Por aquí! ¡Por aquí! Por aquí viene cabalgando furiosa Brünnhilde
Las ocho walkyrias: ¡Hojotoho! ¡Hojotoho! ¡Brünnhilde, hola!
Waltraute: Hacia los abetos dirige a su atolondrado caballo.
Grimgerde: ¡Cómo jadea Grane después de cabalgar tan rápido!
Rossweisse: Nunca he visto a una Valquiria galopando de una manera tan furiosa.
Ortlinde: ¿Qué lleva en la silla?
Helmwige: Eso no es un héroe.
Siegrune: Lleva una mujer
Gerhilde: ¿Cómo ha encontrado a la mujer?
Schwertleite: Ni tan solo saluda a sus hermanas
Waltraute: ¡Heiaha! ¡Brünnhilde! ¿No nos oyes?
Ortlinde: Ayudad a nuestra hermana a desmontar del caballo.
Brunhilda y la mujer desmontaron, y nuestra hermana nos pidió que la ayudemos a defenderla de Odín. Con Ortlinde nos quedamos guardando la roca, para avisar sobre la llegada del dios, pero las otras valquirias se rehusaron a prestar sus caballos a Brunhilda. En cambio, le indicaron a la mujer que llevaba, Sieglinde, que se escondiera en el bosque, cerca de la cueva de Fafnir, donde Odín no la buscaría. Llegó Odín, y ante la orden nos retiramos todas a Valhalla. Brunhilda jamás volvió a pisar su casa. Segun me enteré, fue castigada a desposarse con el hombre que atravesara el fuego que la rodeaba, allí en la Roca. Sólo un guerrero valiente habría de animarse a cruzar este fuego, y así su honor no sería mancillado como si fuera apenas un hombre común con quien debiera casarse.
Después de este incidente, perdimos a Ortlinde, Rossweise y Gerhilde en manos de hombres que encontraban y escondían sus alas para desposarse con ellas. A Odín se lo veía cabizbajo, ya no había cacerías salvajes, ni festines en Valhalla, desde que había castigado a su preciada hija. Entre tantas idas y vueltas de constantes batallas, a veces me detenía a observar a Brunhilda. Años la vi durmiendo, protegida por el fuego. Por fuera de las paredes igneas, cuerpos chamuscados de guerreros que no poseían la fuerza y el valor para atravesar la divina protección. Una tarde me sorprendió verla despierta, soñando seguramente en el héroe que la habria rescatado. Se encontraba sola, y al acercarme más pude ver que llevaba un anillo dorado en su mano izquierda. "ese anillo..." pensé "es Andvaranaut, el que quiere Odín para pagar Valhalla y que vuelva Freya...". Desoyendo las órdenes de no volver a hablar con la valquiria, una noche me acerqué a la roca.
Brünnhilde: A lo lejos oigo un ruido que me trae recuerdos del pasado. Un caballo alado cabalga hacia aquí; a través de las nubes se dirige a esta roca con gran estrépito. ¿Quién es el que me busca en mi soledad?
Waltraute: Brünnhilde, hermana ¿estás despierta o dormida?
Brünnhilde: ¡Waltraute me está llamando! ¡que feliz me hace! ¿Eres tú, hermana, la que viene? ¿Has volado con valentía para venir a verme? Aquí, en el bosque … aún te acuerdas… baja del caballo y deja que ese valiente descanse. ¿Has venido a verme? ¿Eres tan valiente que no has tenido miedo de venir a saludar a Brünnhilde?
Waltraute: Sólo por tu propio bien he venido tan aprisa.
Brünnhilde: ¿Y por el bien de Brünnhilde te has atrevido a contradecir las órdenes del Padre de las Batallas? ¿O se trata de algo más? Dime ¿se ha desvanecido ya el antagonismo de Wotan? Cuando le desobedecí y protegí a Siegmund cometiendo así un gran error - eso ya lo sé - …aún así llevé a cabo sus deseos. También sé que su furia se debilitó, pues aunque me dejó aquí para someterme a un largo sueño y hacerme prisionera de esta roca, y me reservara sólo para el hombre que me encontrara y despertara, accedió a mis súplicas y rodeó la roca con un fuego abrasador para impedir el acceso a los cobardes. Mi sentencia me trajo la felicidad, pues el más maravilloso de los héroes me consiguió como esposa. Hoy, resplandezco y sonrío con su amor. Hermana, ¿te sedujo mi destino? ¿querías gozar de mi felicidad y compartir lo que me ha ocurrido?
Waltraute: ¿Compartir ese delirio que se ha apoderado de ti, loca ? Otro asunto me ha obligado, aunque con miedo, a desobedecer las órdenes de Wotan,
Brünnhilde: Pobre hermana ¿acaso la ansiedad y el miedo se han apoderado de ti? ¿Aún no se ha arrepentido Wotan de su severidad? ¿Aún tienes miedo de su ira y sus castigos?
Waltraute: Si aún los temiera, pondría fin a mis temores.
Brünnhilde: Me dejas asombrada… ¡no entiendo nada!.
Waltraute: Contrólate y escúchame atentamente. Mi miedo me empuja de vuelta a Valhalla tal como me ha empujado a venir aquí desde Valhalla.
Brünnhilde: ¿Que les pasa a los dioses inmortales?
Waltraute: Escucha con atención e inteligencia lo que voy a decirte. Desde que se despidió de ti, Wotan no ha vuelto a enviarnos a la lucha. Perdidas y desorganizadas cabalgamos con ansia a la guerra. El Padre de la Guerra no llevó consigo a los valientes héroes de Valhalla, y sólo con su caballo, sin descanso, recorrió el mundo como el Viajero. No hace mucho tiempo, regresó a casa, llevando en sus manos los trozos de su lanza que había sido destrozada por un héroe. Con un gesto, envió a los nobles de Valhalla al bosque para que talaran el Fresno del Mundo, e hizo que amontonaran los trozos de madera en una pila monstruosa alrededor de la casa de los Benditos. Hizo llamar al consejo de los dioses, tomó asiento en su trono solemne y ordenó a los atemorizados dioses sentarse junto a él. Los héroes llenaron el palacio formando círculo alrededor de él. Y allí permanece sentado, sin decir palabra, en su trono majestuoso, silencioso y serio, sosteniendo en su mano los restos de su lanza. Se niega a tocar las manzanas de Holda. El asombro y el miedo se han apoderado de los dioses inertes. Ha enviado a sus dos cuervos a viajar por el mundo: si le traen buenas noticias, entonces una vez más… por última vez el dios volverá a sonreír. Las Valquirias permanecen sentadas junto a él agarradas a sus rodillas, pero él ni siquiera se da cuenta de nuestras miradas llenas de lágrimas. Todos estamos consumidos por el miedo y la ansiedad que nunca se acaban. Yo, me agarré a su pecho llorando y entonces, al pensar en Brünnhilde su mirada se hizo más dulce. Suspiró profundamente, cerró los ojos y como si se hallara sumido en un sueño, susurró estas palabras: "Si ella devolviera el anillo a las Ninfas del Rin, los dioses y el mundo se verían libres del peso de la maldición". Así que yo, después de pensarlo, me deslicé entre las filas de héroes y en secreto y a toda prisa monté mi caballo y cabalgué hasta a ti a toda velocidad. Oh hermana, deja que te suplique: ten el coraje para llevar a cabo lo que tú puedes hacer. Pon fin a esta desgracia eterna.
Brünnhilde: ¿Qué historias me explicas de sueños de ansiedad con tanta tristeza? Por mi locura, estoy apartada del sagrado cielo del dios. No entiendo lo que me dices. Tu historia me parece confusa y sin sentido. En tu ojos ¡que cansados parecen! brillan llamas relucientes. ¿Qué quieres de mi, lívida hermana de mejillas pálidas?
Waltraute: El anillo de tu dedo: eso es lo que quiero. ¡Acepta mi consejo, y por el bien de Wotan, déshazte de él!
Brünnhilde: ¿El anillo? ¿Deshacerme de él?
Waltraute: Devuélvelo a las Ninfas del Rin
Brünnhilde: ¿A las Ninfas del Rin? ¿Yo? ¿Este anillo? ¿La prenda de amor de Siegfried? ¿Estás loca?
Waltraute: Escucha, escucha mis temores. Los dolores que el mundo padece se deben a él. Déshazte de él, échalo al agua. Tira el maldito anillo al río para poner fin a la desgracia de Valhalla.
Brünnhilde: ¿Qué? ¿Sabes lo que este anillo significa para mí? ¿Cómo podrías entenderlo tú, hermana, que no tienes sentimientos? Para mí, este anillo significa más que los placeres de Valhalla, más que la gloria de los dioses. Una sola mirada a este oro reluciente, un solo rayo de su brillo majestuoso significa más para mí que todos los dioses y su eterna felicidad! Pues, como un paraíso, a través de él el amor de Siegfried brilla sobre mí: ¡El amor de Siegfried! Oh, si pudiera explicarte la alegría que ello me supone. Eso es lo que el anillo es para mi. Regresa a tus dioses y su secreta asamblea, y sobre el anillo, diles esto: nunca renunciaré al amor; nunca me separaran del amor, aunque el radiante esplendor de Valhalla caiga en ruinas.
Waltraute ¿Es así como demuestras tu lealtad? ¿Así que con dolor y sin amor abandonas a tu hermana?
Brünnhilde Vete, cabalga en tu caballo. No te llevarás mi anillo.
Waltraute ¡Maldita! ¡Maldita! Hermana, estás maldita. Los dioses están malditos en Valhalla.
Brünnhilde Vete, el viento ha despejado el cielo de nubes y relámpagos. No vuelvas otra vez por aquí. La luz del crepúsculo cubre ya el cielo, y mi fuego guardián brilla aún más.
Volví a Valhalla, el ambiente era tenso. Entré en mi habitación y me largué a llorar. El fin era inminente, el "amor", aquel sentimiento bajo y humano había enceguecido a mi querida hermana, y estaba más cerca el ocaso de los dioses. Sobre mi almohada encontré una nota, breve pero concisa:
"Toma tus armas, tu armadura, y vuelve a Germania. Tu incursión no habrá sido fructífera, pero aunque lo hubiera sido igual me has desobedecido, así que no volverás a pisar Valhalla hasta que redimas tu honor. Pronto recibirás nuevas noticias. Odín"
Cerré los ojos, guardé la nota y abandoné Valhalla. Valquiria errante seria ahora, hasta poder volver a mi casa.