¡Remen! ¡Remen! exclamaba la rubia, mientras con ayuda de un par buscaba la mejor posición para las velas. Remontar el Po se estaba haciendo complicado, luego de un último tramo adriático sin inconvenientes.
El Drakkar finalmente avanzó un par de horas más tarde, llegando a Mantúa al día siguiente. Al atardecer, amarraron y con Myrna extendieron una tabla y una cuerda para que todos pudieran bajar. Wal le entregó a la muchacha las llaves de su casa, con una suerte de plano del barrio para que lleguen a destino.
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