martes, 7 de febrero de 2012

Memorias de Silvi

La tarde del 11 fue movida. La rubia pescó a Lazarus en la taberna, y luego de amagar no reconocerlo al principio por la falta de mostacho de éste, se saludaron con mucha alegría y charlaron un rato, hasta que fueron con Gerucho y dos más a a jugar unas manos de poker. 

En un principio Wal sacó ventaja, luego fue turno de Geru, pero eso fue poco tiempo: Lazarus desplegó toda su habilidad y se llevó gran botín, antes de irse a cumplir algunas obligaciones del Consejo. Más tarde la de Isenstein se fue a descansar. 

El 12 - supone la rubia - Laz habrá tenido mucho trabajo, puesto que no se lo vio por la taberna. En persona era el mismo de siempre, aunque la falta de bigote y el no estar de madrugada por los bares señalaban que su vida allí no era igual que en Verona. Con orgullo llevaba un anillo en el anular izquierdo, "debe ser eso". 
Por la tarde, en la taberna del pueblo se le acercó una muchacha, preguntando si el Drakkar viajaba a Pola. No estaba en los planes originales, pero tampoco suponía desviarse demasiado de la ruta. Al final del día, esa muchacha no llevaba dinero suficiente como para pagar el pasaje, así que quedó en Silvi. A medianoche, Waltraute recordó que debía avisar a todos de embarcar lo más temprano posible, y les dejó mensajes bajo la puerta de sus habitaciones. 

Aún no había amanecido el día 13, viernes (y pensar que salieron de Hispania un martes 13...) cuando las maderas de la cubierta del Drakkar crujieron bajo sus botas. Aireó un poco la taberna, la bodega, el puente de mando, mientras iban embarcando los rojicorvinos. 

- Myrna - preguntó a la lechuza apenas la vio - ¿Quieres ser tripulante esta vuelta? No será mucho... - 

La muher asintió, y la envió a fregar la taberna antes de que llegue el resto. 

El sol cruzó el meridiano. Gerucho arriba. Basico arriba. Myrna arriba. Faltaban dos, Merésimo y Elvira. Watraute los esperaba en cubierta. Si no estaba enfadada por el retraso era sólo porque ya estaba acostumbrada. Elvira saludó mientras se quitaba el polvo de la ropa seguida de Merésimo, que cubierto de tierra y alguna salpicadura de sangre que daba a entender que no era suya, subió a bordo comiéndose una pata de cordero. Con toda la amabilidad que se puede tener cuando devoras un trozo carne asada del tamaño de tu propio brazo, el bardo ofreció con un gesto su manjar a la capitana. 

- Casi prefiero que no me digan si tienen algo que ver con el humo que empieza a brotar desde el centro de la ciudad. 

Ambos le sonrieron y negaron cualquier conocimiento. Con cara de resignación, Waltraute ordenó levar anclas y mandó a cada cuál a su puesto en el navío. 

[Los últimos dos párrafos y diálogo fueron escritos por Merésimo en un post anterior]

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