- Niña, niña - repetía Helga fastidiosa, sosteniéndome como podía. Una vez terminó el "trabajo", me puso la túnica limpia y una capa verde: ¡tengo capa! pensé, pero pude frenar mi impulso y me mantuve quieta, en silencio, mientras recordaba lo que habían dicho: cinco años hasta poder volver a festejar Yule, luego algo de... no recuerdo si guerra o qué, y después volvería a Isenstein. Unos más y al volver habría estado la mitad de mi vida fuera de casa.
Un sirviente ayudó a la matrona con sus cosas, y camino del muelle nos encontramos con dos chicos más de la aldea que iban a Trondheim, pero eran más grandes, era su último año: y como predijo Bryn, les causó gracia que la matrona embarcara conmigo tras despedirme de mis padres. El drakkar, el barco dragón que nos esperaba, desde la playa era imponente, y mientras mi familia se perdía en la costa se hacía cada vez más grande.
Seria, apenas embarqué me acomodé donde me indicaron, notando nuevamente las miradas cuando Helga se sentó a mi lado. "Tampoco es tan mala" pensé, ahora era todo la familia que me quedaba. Unas horas más tarde, y mecida por el vaivén del barco, me hice bollito a su lado y la dejé envolverme con su brazo, y me dormí.
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